jueves, 5 de mayo de 2016

La cita a ciegas




Se levantaba cada mañana y repetía la misma rutina. A las 7.30 abría sus enormes ojos verdes, se desperezaba sintiendo cada músculo durante  8 segundos exactamente, ni uno más ni uno menos. Respiraba profundamente tres veces:

«Inspira, expira. Inspira, expira. Inspira, expira». Le gustaba sentir cómo sus pulmones se llenaban y se vaciaban de aire armónicamente y su cuerpo comenzaba a despertarse. Después se paraba unos instantes a  preguntarse cómo había dormido esa noche y se alegraba cuando la respuesta era positiva:

«He dormido bien, muy bien. Un sueño reparador y delicioso» pensó sorprendido. Apenas había dormido cinco horas, pero se sentía como si hubiera estado hibernando todo el invierno.

Le gustaba levantarse pronto. Su ceremonia de cada mañana así lo requería. Comenzaba por recoger las latas de cerveza vacías de la noche anterior. Al terminar, preparaba unas tostadas  mientras de fondo sonaba algo de música. Ese día tocaba el vinilo de “Modern Times” de Bob Dylan que había comprado en una tienda de discos de segunda mano el día anterior. «No es su mejor obra…pero es bastante bueno», pensó. Poco a poco el olor a café iba inundando toda la sala, y la alarma del móvil le recordaba que, a pesar de la calma que se respiraba, debía ir a trabajar.

Ese día, al igual que todos los demás, terminó de desayunar mientras ojeaba las noticias en el móvil, «nunca me acostumbraré a esto», se decía. A pesar de ser, cada vez menos, bastante joven se podría considerar que Carlos era una persona poco moderna: tenía por rutina costumbres tan arcaicas como leer el periódico en papel o  escuchar música en vinilo. Hábitos que apenas podían considerarse ya de este siglo. Después de cambiarse de ropa y peinarse lo justo para que no pareciera que había pasado un tornado por su cocina bajó a la calle con la esperanza de no encontrarse con el atasco de todas las mañanas.

No fue hasta que se montó en el coche y empezó a sonar el último disco de Quique González que llevaba sonando en bucle en el auto desde hacía un mes, cuando recordó que ese no era un día más. Su amigo Javi había estado ese mismo tiempo insistiéndole, rozando el acoso, con la idea de organizar una cita a ciegas con una compañera de trabajo que, según él, era la versión femenina de Carlos. Éste había estado dándole largas hasta que se dio cuenta que no tenía ninguna razón de peso para rechazar la proposición.

Aquel era el día en el que se había organizado la cita a ciegas, algo difícil de creer en los tiempos que corren, en los que Facebook e Instagram llaman amigos a personas con las que coincidimos una tarde hace 5 años. Pero era Carlos probablemente la persona menos moderna de la Historia. Y ella, su versión femenina. En el fondo, se sentía atraído por la idea.