domingo, 31 de julio de 2016

En carne viva

Una semana más me acerco a mi rinconcito a expresar mi opinión. Esta vez quisiera hablar de esas historias que te dejan en carne viva. Estoy segura que muchos de vosotros tenéis un escritor/ a preferido con el que os reís, os emocionáis, odiáis a los personajes en algún momento y en otros os los comeríais a besos (sí, esos instantes que os hacen suspirar). En definitiva, ese autor/ a que tras cerrar su libro os saca un suspiro y os deja con una resaca literaria considerable.

Pues bien eso me ocurre a mí con Elisabet Benavent. Recuerdo la primera vez que la leí por consejo de una amiga. Así conocí a Valeria y su mundo loco de idas y venidas, de amigas, de discotecas, de miedos, de alegrías, de inseguridades... De lo que es la vida misma, y ya me enamoró. Después llegó Silvia, mi historia preferida, y ahí acabé por caerme completamente rendida ante su pluma. La semana pasada os hablaba de los musos de las novelas, y como no Gabriel está entre ellos (aquí el enlace a dicha entrada: http://butlerscarlett.blogspot.com.es/2016/07/que-hariamos-sin-ellos.html). Como os decía, esta historia fue la segunda que me removió por dentro y me dejó en carne viva en varias ocasiones. De hecho hay una parte en el libro que no importa que lo lea cine veces, que las cien veces acabo llorando como una magdalena.


Elisabet tiene esa capacidad, de hecho en alguna firma de libros se lo he dicho, de hacerme sentir cada emoción de los protagonistas como propia, me hace reflexionar sobre la vida, me hace reír a carcajadas para el segundo siguiente hacerme llorar, y suspirar de pena.

Hay muchos lectores que valoran en una novela poder reírse para olvidarse de las penas del día a día, otros quieren enamorarse y sentir el amor de los protagonistas en su  propio corazón y otros simplemente disfrutar de una buena lectura para olvidarse de ella al empezar una nueva. Yo, particularmente, soy de aquellas personas que, la mayoría de las veces, necesitan y buscan que la historia les remueva por dentro, que les deje un sentimiento tras cerrar el libro, que les haga sentirse en una auténtica montaña rusa de emociones, que sientan en la propia piel como se les queda en carne viva. Algunos me dicen que soy masoquista por querer y buscar este tipo de lecturas, yo lo llamo "cura del alma". ¿Por qué? E sencillo, porque el libro me lleva de la mano por tantos sentimientos que acabo llorando, y creerme, eso sana las heridas del alma y te aporta nueva energía, es decir, que una buena llorera te deja como nueva.

La última historia de Elisabet que ha provocado todo eso ha sido su último libro. En él viajamos por tantas emociones que llega un momento que no sabes qué estás sintiendo. Es sorprendente cómo la autora consigue en cada novela hacerme vibrar y SENTIR, así en mayúsculas, provocando que al término de su historia las lágrimas me nublen la vista. Y es que Elisabet es poesía en movimiento, disfruto cada vez que me deja en carne viva, cada vez que me empuja a pararme y pensar, cada vez que siento el vaivén de emociones. Y eso para mí, no tiene precio.


Y vosotr@s, ¿tenéis autores que os dejan en carne viva? ¡FELIZ DOMINGO!

sábado, 23 de julio de 2016

¿QUÉ HARÍAMOS SIN ELLOS?

Musos, esos hombres que inspiran a las escritoras a crear las más románticas y/o eróticas historias que leemos. Yo no sabía qué era un muso hasta hace relativamente poco tiempo. Pero lo reconozco, a día de hoy me encanta tenerlos, que te sugieran a algún modelo o actor para crear una novela, que te envíen alguno porque una de tus historias les ha recordado a ese chico en particular… A mí se me hace más divertido y hasta soy capaz de concentrarme mejor en la historia. Voy a hacer un repaso de musos que en su momento me enamoraron y se quedaron en mi corazón junto a su maravillosa historia.

Devin Paisley es el MUSO, sí, con mayúsculas. Es nuestro Kellan Kyle de la serie de S C Stephens que a tantas nos ha vuelto locas. Esta fue la primera vez que conocí el género New Adult, y como muchas me daréis la razón, me dejó tan impactada que de vez en cuando releo su historia volviendo a suspirar (en parte es culpa de Inma Cerezo que en una ocasión hablamos de musos y en consecuencia de él, volviéndome más loca todavía).

 
El segundo de mi lista es Milo Ventimiglia. A este le conocí gracias a la bilogía de "Silvia" y su creadora Elisabet Benavent. Nuestro Gabriel Herrera, el cantante de rock con problemas y ese sex appeal que lógicamente volvía loca a la protagonista. El alma atormentada que conquista el corazón de Silvia y el de miles de lectoras, porque reconozcámoslo, ya en el primer libro caemos rendidas ante él, como para no hacerlo... 
 
Nick Bateman ha sido muso en varias historias pero sin duda cuando leía "Cruzando los límites" de María Martínez lo veía a él, a Caleb Marcus. Otro chico guapo, con su pasado detrás y su punto sexi, capaz de enloquecer hasta a una anciana (quizá sea algo exagerado pero mirarle bien).
 
 
Daniel Conn, al que conocí hace relativamente poco gracias a "En busca de Adam" de la escritora AntiliaDos, es Adam Fuller. Otro tipo duro, sensible, detallista, cariñoso y miembro de una banda de rock. Si no habéis leído esta historia os animo a hacerlo, no os defraudará. Ya veis como muso lo poco que decepciona...
 
 Y el último de la lista es del último libro que he podido leer, y que al igual que los otros, me ha dejado una bonita resaca literaria. Stephen James es Nick, en "Miss Zapatos de Lujo" de Ana Cantatero. Nick Mendoza, el último llamado "mojabragas" que he podido conocer gracias a su escritora y que sin duda no os podéis perder porque tras su mirada fría, su alma resquebrajada y su pose chulita, se oculta un gran corazón, capaz de enamorarse provocando que queramos sacarlo del libro y volvernos locas con él.
 
Y para acabar os dejo a mis chicos, no se vayan a poner celosos, que estos sí que son míos al cien por cien (ojalá). Y vosotras, ¿os volveís igual de locas por los musos como yo? ¡Feliz fin de semana chicas Butler!

domingo, 17 de julio de 2016

Leer y escribir novela romántica



Llevo tiempo pensando en dar mi opinión sobre este tema, ese por el que a veces somos tan criticados los autores del género (porque también lo escriben hombres, sí). Hace un par de años me adentré en el mágico mundo de la novela romántica por recomendación de una amiga, a la que estaré siempre agradecida por ello. Empecé a leer diferentes géneros de novela romántica haciéndome adicta a sus libros y a Amazon. Al poco, pensé en plasmar una historia que llevaba tiempo en mi cabeza, y así comenzó mi andadura como autora.

Desde entonces, y por decisión propia, diferencio a dos personas: a la escritora y a la profesora. Muchas veces se han mezclado y he tenido que mostrar la sonrisa fingida ante los comentarios y las miradas reprobatorias por escribir "eso". Sinceramente cada día me importa menos lo que puedan pensar porque yo soy tan feliz y me siento tan bien al escribir sobre lo que me gusta, que lo demás va perdiendo fuelle.

Sin embargo sigo sin comprender porqué ese afán por desprestigiar este género, que está comprobado es de los más leídos. Leí hace unas semanas una entrada de Abril Camino en la que hablaba de este mismo tema sintiendo también esa apatía y ese cansancio por seguir escuchando frases como "no te pega nada escribir romántica" o "¿por qué no pruebas con otro género?". Yo tengo muchas veces la sensación que estamos haciendo algo malo por escribir sobre el amor, ese que está en el día a día de todos.

Tal y como dije en la entrada anterior, yo leo y escribo este género porque me transporta durante lo que me dure la historia en cuestión, a otro lugar, a sentir las emociones de otras personas, a sufrir con ellos, reír y llorar muchas veces. Porque nos evade de los problemas y la realidad de la vida, nos enamoramos de sus personajes que son tan maravillosos que nos gustaría pudieran salir del libro (bueno, al menos a mí), y además encontramos gente como nosotras a las que les encanta leer estas fascinantes historias. ¿Qué más podemos pedir? Por pedir, seguiremos esperando ese día en el que podamos decir que escribimos y leemos este género y nadie se eche la manos a la cabeza ni nos miren de manera acusatoria. Y vosotras, ¿estáis de acuerdo? ¡Feliz domingo!

sábado, 9 de julio de 2016

¿Por qué escribo?


 
Hace unos días Estefanía Yepes reflexionaba sobre el “Síndrome de creación continua”. Os dejo aquí el enlace de su entrada porque es una reflexión que no hay que perderse de ninguna forma: http://estefaniayepes.blogspot.com.es/2016/07/reflexiones-de-un-escritor-afectado-por.html; y hace un par de días además estuve hablando con Clara Sierra del blog  https://athalialalia.blogspot.com.es/   sobre el motivo por el que escribimos.  Todos (o al menos la mayoría) llegamos a la misma conclusión: lo hacemos porque lo necesitamos.  Si hace un año me hubieran dicho que me iba a volver loca de felicidad mientras plasmaba historias en una hoja en blanco, me habría reído a carcajadas.  Y es que es cierto aquello de que “la vida puede cambiar en un solo instante”, pero ese es otro tema para abordar seguramente otro día. Digo que me habría reído porque mi profesión es otra y jamás se me había ocurrido escribir. Pero un día vi un concurso literario de una editorial de novela romántica y me lancé, animada por unas cuantas entusiastas que creían en mí (pobrecitas mías la lata que les di).
 
Cuando escribes algo lo haces con pasión, poniendo todo de ti y quizá no te lea nadie, tu familia y algún amigo que se apiade de ti, pero eso debe ser lo menos importante. Cada vez que me preguntan por qué escribo les digo que por necesidad vital, lo explico. A día de hoy necesito escribir como respirar, aunque simplemente sean un par de páginas o garabatear en uno de los mil cuadernos bonitos que me compro para hacer los mapas y reflejar las ideas. De hecho, lo tengo comprobado y en épocas de mucho estrés laboral, en los que apenas puedo rozar las teclas del ordenador, me siento irritada, inquieta y no estoy agusto conmigo misma.  No lo hacemos por ganar cantidades ingentes de dinero, que dicho sea de paso es básicamente una utopía para la gran mayoría. Tampoco lo hacemos por ser conocidos, pues el ego es lo primero que mata el talento como leí hace poco. Como dice una amiga mía, «no es lo mismo ser conocida que reconocida».  Mucha gente dice que es una carrera de fondo, que los frutos al final llegan, y es totalmente cierto. No debemos esperar miles de seguidores, cientos de me gusta por las redes sociales y millones de opiniones sobre nuestras historias. Yo considero buen escritor a aquella persona que siempre tiene un momento para charlar con sus lectores, a los que dedica aunque sea unos minutos, el que intercambia opiniones y siempre está dispuesto a aprender.
 
Es algo que debemos hacer porque nos gusta, nos motiva, y en definitiva, porque te haga feliz. Sé que mucha gente no me entenderá, pero estoy convencida que otra tanta sí. Al escribir la palabra FIN y terminar con la historia, con la que habrás estado no menos que unos cuantos meses, cada día, riéndote, enfadándote, a veces llorando y otras muchas desesperándote por los temidos bloqueos, el escritor siente un nudo de emociones extraño. Yo, al menos, me siento contenta, satisfecha, orgullosa, triste, nostálgica y rara es la vez que las lágrimas no se derraman frente a la pantalla algunos minutos. Así que si alguien me vuelve a preguntar sobre la razón por la que dedico horas sentada frente a la pantalla, le quito horas al sueño, a la familia, a los amigos, etc. Creo que le responderé: «por dos motivos, porque lo necesito y porque me hace feliz».