Pronto nueva historia, ¿y por qué? Pues por como he dicho por las redes sociales porque esta historia lleva mucho tiempo en espera. Tenía ganas de decir que "sí" a la pregunta: "¿volverás a publicar pronto?". He luchado por ella, he peleado para darles el lugar que creo que se merecen, aunque en el proceso he cometido errores. Recuerdo haber llorado mucho escribiéndola, repasándola y recibiendo respuestas. Me siento muy agradecida por los que han querido darle una oportunidad pero algo dentro de mí me decía que no era su momento.
Justamente reflexionaba ayer sobre los días que he vivido estas últimas semanas, días han sido un sinfín de besos, de abrazos, de charlas, de reprimendas, de miradas reprobatorias y de apoyo, de consejos, de más abrazos, de los "cuenta conmigo"... Y he dudado, mucho, en compartirla o dejarla abandonada, pero he recordado cuánto disfruté escribiéndola, para mí, sin presiones ni expectativas, sin miedos, solamente dejándome llevar y divirtiéndome como nunca antes. 90.415 palabras con unos personajes diferentes, en un género que aún no había escrito, con el que he vuelto a ser aquella adolescente con inseguridades pero con la certeza de saber qué es lo que quiero. No dejo de escuchar en bucle las canciones que acompañan su historia desde Spotify, releyéndola sin parar, emocionada, expectante, con miedo también, y con muchísimas ganas de lanzar a Keanu y a April al mundo, deseando que paseéis por las calurosas playas californianas y os emocionéis (con suerte) con ese momento en la playa...
Ojalá esta sea de nuevo una novela que queráis leer y acompañarme en este camino mientras hago equilibrios en la cuerda para no caerme. Pronto contaré más cositas de ellos, de Ocean River, de unos ojos azules, de Keanu... ay Keanu (¡cuánto me has hecho sufrir!) Pero por encima de todo confieso mi eterno agradecimiento, por recuperar las fuerzas, por inspirarme de nuevo, por ocupar aunque sea un pequeño huequito en vuestros hogares, por los ánimos, por poder abrir la puerta de nuevo... GRACIAS. En unos días os diré el título y espero poder enseñaros la portada y la sinopsis. Mientras tanto soñad con esta foto, si supierais todo el significado que entraña... ¡Pronto más información!
domingo, 11 de junio de 2017
miércoles, 31 de mayo de 2017
Una retirada a tiempo
Escribir… según la RAE “representar las palabras o ideas con
letras u otros signos trazados en papel u otra superficie”. Hace dos años y
medio en mi vocabulario esta palabra se limitaba a redactar un informe de un
alumno, a elaborar una ficha o a anotar las informaciones de las reuniones en
un cuaderno. Nunca he sido una de esas autoras que llevaba años con historias
en los cajones y cuadernos llenos de historias mágicas. Lo mío siempre fue algo
más producto de la casualidad. Un día comencé
a leer novelas románticas hasta que un día creé la mía propia. Rechazada en un concurso
no me di por vencida y tras pasar algunos filtros de personas que me ayudaron y
alentaron a publicarla, la lancé en Amazon, con gran éxito para mi sorpresa.
A partir de ahí, la necesidad de escribir para mí, para
sentirme bien y en paz fueron creciendo, pero no se quedó ahí la cosa y fui publicando
historias que me inspiraban en el momento y que me apetecía mostrar. Todo el
proceso de creación, de publicación, promoción, sorteos, concursos, entrevistas…
ha sido siempre una experiencia bonita, enriquecedora, en la que he aprendido mucho y
sigo haciéndolo día a día. Sin embargo también es agotador y si además cuentas
con un trabajo que te exige mucho, puedes acabar exhausto. Así es como me
encuentro desde hace un tiempo. Acabé el mes pasado la historia de ballet de la
que os habéis ido haciendo eco poco a poco a través de mis redes sociales. Por
desgracia a esa historia le queda mucho por pulirse, por ser lo más perfecta
posible, ya que de otro modo no verá nunca la luz. No me conformo con la
mediocridad pues los lectores no se merecen menos que aquello que roce la
perfección. Por esta razón, porque el trabajo sigue demandándome demasiado
tiempo y no me encuentro preparada ni física ni mentalmente para seguir, voy a
alejarme un tiempo como escritora. Continuaré en la sombra, reescribiendo esa
historia que espero un día pueda llegar a vuestras manos y podáis emocionaros
con ellos y soñar con los lugares por los que pasean.
Espero y deseo poder deciros que pronto volveré a estar
completamente activa, compartiendo novedades, hablando de esa historia new
adult que me quema las manos, y hablaros abiertamente de Aleksei y Katerina.
Por el momento, entorno la puerta hasta que las fuerzas regresen. Gracias a
todos por el eterno apoyo y por ser chicas Butler. Nos leemos pronto.
jueves, 30 de marzo de 2017
Vacaciones, musas y una antología muy chula
Por fin se acercan las vacaciones, esas con las que llevo soñando hace semanas. Cada vez que se acerca el final del trimestre, me levanto cada mañana arrastrándome literalmente. Lo peor de todo es que según vas tachando días en el calendario, cuesta más y más llegar al día oficial de vacaciones, incluso son días en los que estoy más distraída, desconcentrada y es que las baterías están completamente descargadas.
Y para rematar me he embarcado en una propuesta maravillosa en la que no dudé ni un instante cuando mi compañera de letras, Laura Girón, me pidió ayuda. Puedo tener poco tiempo y estar exhausta, pero siempre que una causa benéfica como la que nos ocupa surge, me lanzo sin contemplaciones. He podido contactar con autores fantásticos que no han dudado en responder que sí a la iniciativa, y desgraciadamente otros muchos no han podido estar presentes en ella por motivos profesionales y personales. No obstante, quiero darles las gracias aún así por haberme contestado a la propuesta, pues la educación debe estar ante todo. Estamos deseando empezar a leer los relatos de todos esos escritores que de forma desinteresada han decidido participar. Y como dice la foto de abajo: "un libro, mil sentimientos". Después del verano reuniremos en un único libro millones de sentimientos que espero leáis con este mismo entusiasmo.
Si además le sumamos que la abstemia primaveral aparece, el agotamiento es infinito. Escaso tiempo, trabajo, trabajo y más trabajo que se acumula en estos días finales, burocracia que nunca acaba... y cuando tengo algo de tiempo libre es imposible mantener los ojos abiertos. Ni siquiera puedo leer un rato antes de irme a la cama.
Soy persona inquieta en general en mi vida. Este mes que finaliza ha sido el mes en el que por fin me lancé a cumplir uno de mis sueños de infancia: aprender a tocar el piano. Si tenía poco, le añado una tarea más para complicarme más la existencia. A pesar de todo, el piano se está convirtiendo un poco en lo que la escritura significa para mí. Disfruto sentándome enfrente del teclado, practicando las canciones que la profe me enseña, cantando las notas... Lo que no pensé fue que precisamente cumplir este sueño me iba a quitar tiempo de seguir con el otro. Pero como se suele decir "sarna con gusto, no pica".
Quizá por esta razón las musas se hayan mudado o a lo mejor se han enfadado al desplazarlas por el otro teclado, pues se han tomado ya el descanso. Hace tiempo que no aparecen pero tampoco es algo que me agobie ni me preocupe como solía ocurrirme al principio. No soy capaz de definirme de forma estricta, es decir, no puedo afirmar ya si soy una escritora de brújula o de mapa. Organizo una historia con mapa y me veo incapaz de seguirla, trabajo con brújula y también estoy perdida. Últimamente, a decir verdad, siento más que estoy inmersa en la locura, escribo según me encuentre en ese momento... Solía comenzar una historia, serle fiel y zanjarla. Los bailarines me acompañan hace meses yendo y viniendo, la serie New Adult que empecé el año pasado de vez en cuando llama mi atención rogándome que continué con sus historias, y en este tiempo en el que las musas han partido, he empezado otra novela que ni yo misma sé adónde irá, por lo que el caos está asegurado.
domingo, 12 de marzo de 2017
Tomar decisiones
Nunca he sido una persona que se
caracterice por tomar decisiones de manera rápida e incluso que dichas
decisiones sean las correctas. Siempre me ha costado adaptarme a los cambios, a
veces he obrado por pura inconsciencia y el resultado no ha sido todo lo
deseado que fue en un primer momento. De los errores también se aprende que
suelen decir, así que no me malinterpretéis que no soy persona de lamentarse de
lo que ha hecho en su vida. Hoy de nuevo estoy reflexionando (serán los
domingos que me hace estar pensativa), y a pesar de siempre haber sabido qué
hacer en esta ocasión me cuesta más hacerlo. Entonces pienso en ellos y el
miedo me paraliza, como dije hace unos días vía Instagram,
casi un año después estoy cerca de dejarles volar, de presentarlos "en
sociedad" y permitir que otros se enamoren de su historia tanto como lo
hice yo y sus lectoras cero. Cada vez más cerca de dar ese salto de fe,
lanzarme esperando que la red aparezca y sea lo suficientemente fuerte para
sujetarnos. Salir de la zona de comfort, arriesgando sin tener la certeza de
ganar.
Lo que más me gusta de las personas
que hablan conmigo sobre si echarles a volar o no, es que todos coinciden en lo
que reza en la foto. Así que siento que cada vez estoy más cerca de saber cuál
será finalmente su destino, quizá lo haga bien y sea lo correcto, quizá me
equivoque y mi decisión no sea la que debiera ser. Ante todo estoy muy
orgullosa de que antes de llegar al mundo hayan enamorado ya a tantos lectores.
Estoy muy orgullosa de ellos. En breve seguro que sabré qué debo hacer, cuándo
menos me lo espere la solución aparecerá y la tomaré consciente y segura de que
será lo que realmente me hará feliz.
jueves, 2 de marzo de 2017
Feliz "biniversario"
Hoy se cumplen dos años desde que empecé en esta aventura
literaria. Hoy, mi primera historia cumple dos años. Hoy, hace setecientos
treinta días que pasó a ser un poco vuestra. Mis queridos Alba y Esteban están
de aniversario. Hace dos años y medio no entendía nada de manuscritos, de redes
sociales, de eventos… Y me lancé, me lancé sin red y con pocas esperanzas.
Pensaba que únicamente parte de mi familia (aquella más asidua a las nuevas
tecnologías) se leería la historia y aquello acabaría en unos ratos de risas
por tirarme a la piscina sin saber si había algo de agua, con la vergüenza
soplándome en la nuca pues no sabían que había escrito un libro y con muchos
miedos en general.
Y en el primer mes se posicionó en los primeros puestos de
Amazon siendo una de las novelas más vendidas durante mucho tiempo. Aún a día
de hoy no me creo que siga entre los más vendidos y que me sigáis mandando
mensajes felicitándome y dándome la enhorabuena por ella. Aquello que hace dos
años era una utopía con la que ni siquiera me atrevía a soñar. Poco a poco todo fue creciendo: la
autora, los libros, las esperanzas, los miedos, los sueños… Y sin hacerlo
aposta la serie de “Las Tres Marías” comenzó. El pasado mes de noviembre la
segunda novela de la serie vio la luz,
pudimos conocer a Elena y todo lo que llevaba a sus espaldas. Sé que
falta la historia de Oli, no os preocupéis porque en algún momento llegará.
Sin embargo, hoy es el día de ellos, de Alba y Esteban, los
que fueron abriendo el camino a todos sus hermanos que han ido llegando detrás,
poco a poco. Si hago repaso puedo afirmar sin lugar a dudas que han sido dos
años en los que he aprendido mucho, he disfrutado con compañeras y lectoras,
con eventos, con cada firma que me habéis pedido, y he crecido de la mano
de Alba y su pijo arrogante.
Hoy, de nuevo, quiero felicitarles asegurándoles que muchas más historias formarán parte de la estantería junto a ellos. Estoy convencida que en un futuro novelas con diferentes temas (soy de esas personas que cree en que hay que arriesgar y salir de la zona de confort) aparecerán de una u otra forma. También soy muy consciente que a día de hoy ya no es la mejor historia que he escrito, que en su momento lo fue todo para mí, pero aun así me siento realmente orgullosa de ellos.
Y para acabar este cumpleaños os dejo una de mis partes favoritas de la novela:
«—¿Por qué has tardado tanto? —me pregunta aún con la
voz ronca por el tubo que tenía en la garganta.
—¿Cómo dices?
—No sé si lo he soñado
pero había una música hermosa, tú tocabas mi mano suavemente y me llamabas “mi
amor”. ¿Por qué has tardado tanto?
Me quedo paralizada.
¿Cómo puede ser que haya escuchado y sentido todo mientras estaba en ese
estado? No lo pienso más y me acerco a su boca para darle un tierno beso en los
labios.
—Te quiero, mi pijo
arrogante —le digo en susurro.
—Lo dicho. ¿Por qué
has tardado tanto, Albita?»
sábado, 25 de febrero de 2017
Tres meses de Elena
Ayer Elena cumplió tres meses desde que salió a la venta. He estado reflexionando un poco sobre lo que ha pasado en este tiempo por lo que me he animado a dejarlo por aquí escrito. Su historia nació al poco de acabar con la de su amiga Alba, mi primera historia autopublicada. Y Elena fue creciendo, contando sus miedos, sintiéndose pequeñita, a veces grande, pero fue cambiando a medida que pasaba el tiempo. En todos esos meses que transcurrieron desde que comencé con ella, se cruzó Mateo haciendo que solo pudiera verlo a él con esos ojos azules y ese romanticismo del siglo pasado que no solo enloqueció a Clara. También apareció Elliot con esa mirada perdida y ese corazón roto que no solamente Sarah quiso recomponer. Incluso me involucré por completo en una historia new adult que espero pronto vea la luz. Y en todo ese espacio, Elena seguía a la espera, tomándose el café con las mejores vistas posibles en un ático de Nueva York.
Por fin la calma regresó y volví a la ciudad de los rascacielos a reconciliarme con ella, a reencontrarme con viejos conocidos como Alba y Oli, con el carácter paciente de Eric y cuando meses después di al botón de "enviar" por fin salía a la luz la historia que más tiempo ha rondado por mi cabeza. Pero ella supo perdonarme y su historia fue aún más especial, cociéndose a fuego lento, acompañándome mientras sus hermanos iban apareciendo. Y de nuevo volví a enamorarme de un personaje, de ella. Quizá sea porque es la que más se asemeja a mi carácter y en la que más he puesto parte de mí.
Sé que debería haberle dedicado más atención (soy mala madre literaria en ese sentido), aunque a pesar de ello la bienvenida al mundo para Elena y Eric fue estupenda. Sigo recibiendo mensajes llenos de cariño, hacéis posible que se mantenga en la lista de los más vendidos en romántica junto a la novela de Alba dos años después (ni soñando jamás pensé en algo así). Y aunque me duele en el alma esta vez no voy a poder hacéroslo llegar en papel como hice con Mateo. Perdonarme porque cada vez que me preguntáis si os lo puedo enviar dedicado se me parte un poco el corazón. Deseo algún día estar en algún evento o algún café donde pueda hacerlo y charlar de nuevo con todos vosotros que sin duda sois el regalo más grande para ellos, para Alba, Elena, Sarah, Mateo...
Así que resumiendo estos tres meses han sido parte de este sueño que estoy viviendo gracias al apoyo constate y diario de todos vosotros, que no me dejáis caer ni me permitís que deje de contaros esas historias que llenan mi mente. Gracias por hacer perfecto mi corazón, ¡feliz sábado!
martes, 14 de febrero de 2017
Primeros encuentros
Hoy que es un día señalado para esos amantes que siguen mirándose a los ojos y ven su propia alma reflejada en el otro he querido echar la vista atrás y recordar ese primer momento en el que él la ve a ella y algo se remueve por dentro, cuando a ella empieza a erizársele el vello de la piel al sentirle cerca, cuando la vergüenza es la protagonista o una pelea es el principio de todo. Ese momento es lo que se llama "el encuentro cuco" y me ha encantado recordar el de mis chicos. ¿Nos acompañáis en su primer encuentro?DESDE EL DÍA EN QUE TE VI (Alba y Esteban)
—Señora, por favor, decídase ya, que algunos tenemos prisa —oigo semejante frase llena de enfado a mi espalda y empiezo a notar que la vergüenza cubre mi rostro pero es que no sé qué coger. Lo ignoro.
—Hmmm…. Pues la verdad es que me encuentro en una situación complicada —le digo a la dependienta entre risas, sin darme cuenta que a ella poco le importa eso.
—Señora, por favor, hay mucha gente esperando. Si no lo tiene claro échese a un lado hasta decidirse —me dice la pobre mujer pero me niego a irme o sino cuando lo tenga claro tendré que volver a la cola infernal y entonces sí que voy a tener que quedarme a pasar la noche en la oficina. —No, no se preocupe que ya lo voy teniendo claro… hmm… a ver…
—¡Señora, por favor, o se decide o pido yo! Y tras semejante grito no puedo más que darme la vuelta y enfrentarme a menudo energúmeno que me ha gritado en todo el oído dejándome medio sorda. Me giro rabiosa con la clara intención de cantarle las cuarenta a Don impaciente, pero lo que no me esperaba es lo que vi. Un hombre alto, yo diría que un 1,80, cabello castaño, alborotado. Sus ojos, negros como el azabache, me miran desafiante. Lleva barba de un par de días, un traje azul marino oscuro y una corbata naranja clarito que resalta la camisa azul cielo que lleva. A pesar de llevar el traje se vislumbra que tiene un cuerpo fuerte y atlético. Tiene pinta de ser pijo y encima arrogante, a juzgar por su mirada y comentarios. Me debo quedar bastante embobada porque de pronto el extraño amable chasquea sus dedos delante de mí llamando mi atención y vuelve a hablar con esa dulce voz.
—Guapita, ¿te decides ya? Porque aquí estás montando una buena y yo no sé los demás, pero yo tengo muchísima prisa. ¿Qué te parece si te pago lo que quieras y te largas de una vez? ¿Guapita? Uy, uy, uy. Esto se está calentando por momentos. Este tío es un idiota redomado. Se pensará que por estar bueno puede decir y hacer lo que le dé la gana pero acaba de pinchar en hueso.
—Mira, guapito —le digo con toda la rabia del mundo—, me vas bajando el tono y la mala leche o me voy a eternizar en hacer mi pedido. Todos tenemos prisa, pero te vas a esperar a que decida lo que quiero y aunque te agradezco tu gesto de pagarlo no necesito que un pijo como tú me pague nada. Así que paciencia y cállate la boca.
EL JEQUE (Elizabeth y Khalid)
¿Pero qué pensaba hacer?
Elizabeth se removía pero era inútil, el hombre era muy fuerte.
Intentaba hablar pero no le salían las palabras. ¿Qué le ocurría? Su mente no
respondía pero su cuerpo se iba animando por momentos. El extraño notaba su
inquietud y una vez que la tuvo atrapada bajo su cuerpo le susurró con voz
sugerente y sensual:
—No luches Imra. En unos minutos, todo habrá acabado.
¿Imra?
Esa era la palabra que aparecía en su sueño una y otra vez. ¿Pero qué demonios
significaba eso? ¿Y por qué estaban en plena tormenta tumbados boca abajo en la
arena? Era increíble que bajo aquella repentina tempestad arenosa, estuviera
sintiendo cosas que no se explicaba. Pero aún le resultaba más increíble que ese
hombre del desierto desprendiera ese aroma como a canela. De pronto se acomodó
en esta extraña postura e hizo un suave ronroneo pues estaba la mar de a gusto.
El desconocido reprimió una risita y tras lo que le parecieron horas enteras,
llegó el momento de la separación. Se desprendió de su abrazo y soltó las
mochilas. Avergonzada tras semejante momento se incorporó, al girarse se le
paralizó el corazón y se bloqueó. Ya no recordaba adónde iba ni qué tenía
prisa. Estaba perdida en sus ojos. Profundos ojos marrones. Era lo único que
dejaba a la vista tras esa túnica blanca que brillaba aún más debido a la
exposición del sol. Ni siquiera era capaz de hablar. ¿Pero qué le pasaba?
—Debería
tener más cuidado señorita. Sospecho que no conoce el desierto y las tormentas
de arena son traicioneras. En cualquier
momento pueden aparecen —se dirigió a ella tras haberse desprendido del pañuelo
que le cubría la nariz y la boca. Una boca sensual y traviesa que se le antojaba
más que apetecible y esa voz, con un acento tan característico de la zona, que
le ponía el vello de punta.
—Pero por lo que he podido comprobar,
tal cual vienen se van, —se le escapó de la boca antes de pararse a pensar. «¡Piensa
Eli por Dios!» Parece que le hizo gracia y hasta sonrió.
—Nunca tiente a su suerte. Esta vez he
estado yo para protegerla ¿pero qué ocurrirá la próxima vez que yo no esté para
salvarla?—le dijo con cierto tono de sarcasmo.
—No soy ninguna damisela en apuros del
siglo XVIII. No necesito que nadie me proteja ni me salve de nada. Yo solita me
basto y me sobro—en ese momento recogió sus cosas y se dio la vuelta bastante
enfadada. ¿Quién se había creído ese hombre que era? ¿Bella Swan a punto de ser
devorada por un vampiro?
—¿Esa es su forma de dar las gracias?—le
preguntó consiguiendo que se quedase clavada en el sitio. Se giró y vio que se
acercaba lentamente hacia ella. De nuevo sus sentidos se embotaron y no podía
hablar.
—Gra… gra… Gracias, señor del desierto—recomponiéndose
al echar un par de pasos hacia tras recobró la sensatez y su sexto sentido le
decía que empezara a echar a correr. No sabía bien porqué pero aquel hombre le
parecía más peligroso que cualquier morador de tribu que habitara por esos
lugares.
—De nada señorita de ciudad, pues se me
antoja que no es de por aquí cerca. ¿Me equivoco?—le preguntó mientras volvía a
recoger las mochilas para seguir su ruta. ¿Pero por qué le seguía hablando si
ya había pasado la tormenta y le había dado las gracias?
—No se confunde en absoluto.
Efectivamente no soy de aquí. Ya he perdido mucho tiempo debido a esta estúpida
tormenta, así que si me disculpa debo proseguir mi trayecto inmediatamente.
Gracias de nuevo, que Alá le proteja o lo que sea—le contestó haciendo un gesto
con la mano y acto seguido se dio la vuelta, pues si permanecía frente a él, se
quedaría anclada en esas arenas y no sería capaz de continuar con su objetivo.
MI CORAZÓN TE PERTENECE (Clara y Mateo)
Para mi suerte o desgracia –aún no soy capaz de
decidirlo– él se baja del coche y se dirige hacia mí. Oculto tras unas gafas de
sol, ante mí se para con su aspecto de modelazo, con su camiseta de manga corta
blanca que le marca los bíceps de manera espectacular, sus vaqueros desgastados
que le quedan de muerte y unas deportivas blancas. Se agacha a mi lado y creo
que me voy a quedar ciega de tanta belleza cuando se quita las gafas de sol
¡menudos ojazos azules que se gasta el tío! Todavía con el vestido por la
cintura y a cuatro patas, me lo quedo mirando embobada. Una lástima, porque no
creo que tenga más de veinte años. Por fin puedo actuar, y con toda la
vergüenza del mundo, me bajo el vestido y comienzo a recoger mis cosas del
suelo como si me hubieran metido un cohete por el culo.
—¿Estás bien? —Me pregunta el Adonis mientras me ayuda
a meter las cosas en el bolso.
Yo solo soy capaz de asentir con la cabeza y darme
toda la prisa del mundo. Ahora entiendo eso de “Tierra trágame”. Cuando tengo
todo en el bolso vuelvo a mirar al coche, donde la chica que va de copiloto me
mira con cara de pocos amigos, porque ver al chulazo de su novio ayudando a una
loca semidesnuda no creo que sea agradable de ver. Entonces siento el contacto
del Adonis levantándome con sus fornidos brazos y un escalofrío me recorre
entera, ¿qué está pasando?
Paseo la mirada del coche a los ojos azules del
buenorro y siento que no puedo apartar la mirada de él. Varias personas
comienzan a arremolinarse a nuestro alrededor y es cuando aprovecho para
escapar de esa situación extraña. Sin decir una sola palabra me suelto y salgo
corriendo, rezando para no darme otro tortazo como el que me acabo de dar. Por
suerte el piñazo ha sido a apenas unos metros de la oficina, así que llego
antes de lo esperado y con un dolor de rodillas tremendo, aunque la vergüenza
que he pasado creo que es peor.
AMANECER EN ÁFRICA (Sarah y Elliot)
AMANECER EN ÁFRICA (Sarah y Elliot)
NO SÉ POR QUÉ TE QUIERO (Elena y Eric)
—Vaya, vaya. No sabía que ahora el despacho de mi asistente era tu nuevo estudio, querido Lucas. —Me paralizo, porque ahora sí que me es conocida esa voz. ¡No puede ser! A pesar de haber cruzado pocas palabras con él en España, reconozco la voz de Eric. ¡Dios!, ¡qué mala pata la mía! Ahora que trabajo para él, me ha encontrado haciendo esta tontería, así que ya me puedo ir despidiendo de comenzar con buen pie. Congelada como estoy, soy incapaz de girarme para mirarlo hasta que la voz de Lucas me saca de mi estado.
—Ya me conoces, Eric. Cualquier lugar es bueno para tomar unas fotografías y más cuando un tesoro como este me inspira. —Reparo en que le contesta de forma bastante amigable. Ahora hemos pasado de ángel a tesoro, como si el fotógrafo fuera Gollum y yo fuera el anillo codiciado.
—Una pena que pienses así. Me gustaría comenzar a trabajar y necesito a tu «tesoro» para ello, así que, si eres tan amable, vuelve a tu estudio con tus modelos y déjanos sacar adelante esta revista.
¿Su tesoro? No, no, no. Yo soy una profesional y esto no es lo que parece, me gustaría decir, pero creo que va a ser inútil. Bastante avergonzada, me vuelvo y, por primera vez desde que estoy en Nueva York, oteo al amigo de Esteban. Ya casi no lo recordaba. Lleva un traje negro, camisa blanca y corbata negra a juego. Su pelo oscuro, peinado hacia atrás, es impecable. Él parece perfecto. Ojos negros, y barba incipiente. Atlético, eso está claro, aunque con el traje lo disimula bastante. En España recuerdo que sonreía más… Claro que después de la estampa que se ha encontrado en su oficina, el primer día de trabajo de su nueva asistente, no me extraña que tenga esa cara de rancio.
—Señor Reynolds, yo siento esto… pero el señor Hamilton me dijo lo de las fotos para las fichas de los empleados nuevos y… bueno… como usted no llegaba… —¡Dios! Pero ¿se puede divagar más? Tierra trágame, es lo único que viene a mi mente.
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