sábado, 30 de enero de 2016

Cositas que escribo


Hace un mes que Mateo está en la calle enamorando a muchas de vosotras que me seguís y me dais ánimo para continuar en este complicado camino. Esta semana ha sido difícil dedicarme a escribir aunque haya llegado a necesitarlo como respirar. Como agradecimiento a vuestros comentarios y apoyo os dejo cositas que estoy escribiendo. Espero que os guste.


Por fin ha llegado el día de nuestra graduación. Tras años y años de sacrificio, horas intempestivas estudiando, cafés en vena para poder seguir con los párpados sin cerrarse, risas, fiestas universitarias, frustraciones, millones de trabajos, proyectos y exámenes, entre otras muchas cosas, me encuentro en ese dulce día en el que mi vida va a cambiar.

A partir de hoy ya no soy la niña, la hija, la amiga, la novia… Hoy soy una ciudadana más en el mundo, mayor de edad; ya no existiré únicamente para mi círculo de amigos y familiares si no para el resto del universo. Seré alguien importante, alguien con quien la gente contará. No es un simple día en el que nos ponemos la toga y el birrete esperando a que nos impongan la banda y nos den un trozo de papel a modo de pergamino, para después hacernos miles de fotografías y disfrutar de una fiesta entre amigos. Es mucho más, es el momento que separa el pasado de mi futuro. Deseo lanzarme con los ojos bien abiertos a todas las posibilidades que la vida me ofrezca, recibir lo que me venga con el mejor ánimo posible, a lo que sea, al amor, a ser responsable, más amiga, más adulta, trabajadora, esposa, madre. Ilusionada me enfrento a este nuevo día que será el primero del resto de esos nuevos que están por llegar, porque hoy, comenzaré una nueva vida…

—¡Sophie! ¡Jeremy está aquí!—Dejo de mirarme al espejo frente al que estoy recitando mi discurso de graduación cuando escucho la voz atronadora de mi padre. El discurso, ¿en qué hora acepté yo pronunciarlo? “Si quieres ser periodista, debes acostumbrarte a hablar en público cariño”, estas palabras que me dice mi madre cada dos por tres calan en mi mente pero no llego a comprenderlas del todo. Inspiro profundamente y me echo un último vistazo antes de salir por la puerta con la cartera a juego con el vestido y el discurso en su interior.

Bajo los escalones con cuidado pues llevo unos tacones a los que no estoy nada acostumbrada y temo caerme. Al pie de la escalera veo a mi novio, Jeremy, con el traje que se ha comprado exclusivamente para hoy con el dinero de su primer trabajo. Lleva en la mano la clásica flor que toda chica debe llevar el día de su graduación, le sonrío y él me la devuelve con el brillo de sus ojos refulgiendo aún más, si es eso posible. No hay dos personas más conectadas ni enamoradas que nosotros, a veces siento miedo que pueda ser un estado adolescente y que se evapore con el tiempo pero entonces él me mira a los ojos y agarrándome de la mano me transmite la seguridad que necesito.

—Estás deslumbrante—esas son las dos palabras que hacen que esté aún más convencida de mi elección del vestido. Fui con mi madre a una de las boutiques más elegantes de Seattle y también la más cara pero mis padres no quisieron escatimar en gastos para la graduación de su única hija. Me probé varios vestidos hasta que di con el adecuado, el mío, blanco hasta la rodilla, completamente liso, con un cinturón dorado y cogido de un extremo al hombro mientras el otro queda al aire. Mi madre cuando me vio con él se emocionó como si estuviese viendo mi vestido de novia al mismo tiempo que mi padre le cogía de los hombros sonriendo aguantando la emoción. Sandalias doradas a juego y cartera del mismo tono completan el “conjunto graduación”.

—Tú también estás muy guapo—Jeremy me besa en la mejilla pues delante de mis padres le puede la vergüenza y se contiene. Saca la flor de la caja en la que está guardada y me la pone en la muñeca terminando con un beso en mi mano.

—¡Atención foto, foto!—Mi madre nos saca de ese mágico instante en el que nos hemos sumido al mirarnos. Jeremy se sitúa junto a mí al pie de escalera, me rodea la cintura con su brazo y sonreímos a cámara. Después de unas cien instantáneas, pues mi madre es una apasionada de la fotografía, conseguimos llegar al coche. Mi padre conduce mientras mi madre le va diciendo por dónde ir y cómo debe hacerlo, lo que acaba en discusión sin remedio. Vuelvo a guardar la flor en la caja para ponérmela de nuevo cuando vayamos a la fiesta post graduación. Al cabo de quince minutos llegamos al campus donde nos vamos a graduar. Me despido de mis padres por un rato y voy en busca de mi mejor amiga junto a Jeremy.

Nora está rodeada de chicos como es habitual en ella. Ojalá tuviera yo el mismo talento para ser tan extrovertida, divertida y atrevida pero estoy bastante lejos de eso. Menos mal que Jeremy es todo lo contrario a mí, porque si no jamás habríamos empezado algo, si no se hubiera lanzado él a hablarme a la salida del instituto mientras esperaba a que mi madre me recogiera cuando me hice el esguince de tobillo, ahora no estaríamos juntos.

—¡Soph!—Oigo  que mi amiga me llama a voces desde donde se encuentra con su harén de chicos fornidos y corpulentos pero con poca materia gris. A regañadientes consigue zafarse de varios brazos que no la sueltan cual pulpos y camina directa hacia nosotros. Su atuendo no me extraña lo más mínimo, vestido azul marino en corte sirena muy por encima de la rodilla a juego con unos tacones incluso más altos que los míos y su preciosa melena castaña cayendo sobre sus hombros. Si mi madre me ve así me obliga a cambiarme de ropa al instante pero para su desgracia sus padres apenas están en casa, dudo mucho que hoy estén en su graduación.

—Pareces un angelito—comenta antes de abrazarme fuertemente. Nora, mi hermana, esa que no he tenido. Hemos vivido juntas desde que teníamos seis años al vivir casa con casa. Sus padres viajan constantemente por motivos laborales y siempre ha estado al cuidado de niñeras que sinceramente poco se han preocupado por ella. Mis padres han actuado más de padres que los biológicos así que no es de extrañar que estemos tan unidas.

—Tú vas como siempre, impactante—me mira girando la cabeza, levantando la ceja sabiendo que estoy en lo cierto y se da una vuelta sobre sí misma para que admiremos mejor su modelito a la vez que miles de ojos babeantes y silbidos confirman lo que ya sabíamos. Ella está tan acostumbrada a ser el centro de atención que ni siquiera se inmuta. Si me pasara a mi estaría roja como un tomate deseando que me tragase la tierra. Jeremy bromea con ella y entran en su juego de meterse el uno con el otro, de forma cariñosa según ellos, aunque nunca me ha gustado mucho que se lleven así. Son dos de las personas más importantes de mi vida junto a mis padres pero la sangre no llega al río por suerte.

Llega el momento y nos trasladamos al centro del campus donde nos ponemos las togas y birretes a un paso de ser graduados. No puedo ocultar mi emoción pues se refleja en mi rostro, así como el nerviosismo por tener que hablar delante de tantísima gente.

—Tranquila, lo vas a hacer muy bien—me susurra al oído Jeremy apoyando su frente en mi cabeza a la vez que me da un abrazo enternecedor.  Nora pone los ojos en blanco y se queja de que nos pongamos tiernos a cada momento. Ambos nos reímos de su comentario y la seguimos hacia las sillas donde está nuestro nombre escrito en un trozo de papel.

La ceremonia comienza con varios discursos del decano y algunos profesores hasta que es mi turno. Nora, sentada a un lado y Jeremy al otro, me aprietan cada uno la mano para darme el aliento necesario para salir al escenario y hacer el discurso frente a más de quinientas personas. ¿Pero por qué tuve que ser la mejor de mi promoción? Ahora mismo desearía ser mediocre para estar oculta entre tantos rostros. Tras llamarme un par de veces salgo disparada más por el empujón de Nora que por iniciativa propia y llego temblando a las escaleras. Una azafata me da la mano para subir, es entonces cuando reacciono y subo decidida a comerme a la audiencia con mis palabras.

                                                               ***

Ahora mismo me estoy riendo a carcajada limpia tras el momento de shock que he sufrido. Al llegar al pie de la escalera creía que no iba a ser capaz pero no sé muy bien de dónde emergió la fuerza necesaria que me hizo comerme el escenario y a juzgar por la duración de la ovación no lo hice tan mal. Tras recibir nuestros diplomas, lanzar los birretes y saltar como locos, la ceremonia concluyó. Mis padres no dejan de pedir que me haga fotografías con ellos y yo que soy incapaz de negarles nada, acepto encantada. También nos hacen fotos a Nora y a mí para que sus padres puedan ver la felicidad de su hija aunque dudo que les preocupe lo más mínimo. Los tíos de Jeremy también quieren hacernos fotos así que posamos cual famosos. Desde que era un bebé lo criaron ellos pues sus padres eran dos drogadictos que acabaron mal parados al poco de nacer él en un ajuste de cuentas. Su padre falleció y su madre acabó en la cárcel hasta que murió a los pocos meses. Para Jeremy son sus verdaderos padres, de hecho le adoptaron y legalmente son sus tutores aunque siempre ha sabido quiénes eran sus padres.

Una vez que se acaba el cóctel de graduación y terminamos de festejar con nuestros familiares, llega la hora de la gran fiesta que nos han preparado. Jeremy vuelve al coche de mi padre un momento para recoger la flor que me dio antes de graduarnos y ponérmela de nuevo. Nos despedimos de sus tíos y mis padres y entramos al pabellón  Roosevelt donde tiene lugar la fiesta. La decoración no puede ser más preciosa. Hay globos blancos y azules con estrellitas blancas por todos lados, además de estrellas grandes y pequeñas blancas a juego y telas blancas cayendo de una esquina a otra en esta decoración con un azul nocturno rodeándonos.

Nora se acerca a la mesa de las bebidas y al instante ya tiene varios tíos cercándola pero ella ni se inmuta, es más tontea con alguno y se va a bailar con el ganador. Jeremy tira de mi mano y nos ponemos a bailar como locos cada canción que suena. Al rato se nos une Nora y seguimos danzando al son de lo que suene, nos da igual porque lo único que queremos hacer es disfrutar. Cuando suena una canción lenta Jeremy le da un empujón a Nora, que no se lo toma nada bien, y me agarra mientras miro hacia mi amiga que tiene cara de enfado. Apenas puedo ir a hablar con ella cuando ya me encuentro en los brazos del que le ha dado semejante empujón, mi amor. Le miro reprochándole su comportamiento pero simplemente ignora mi gesto y me besa dulcemente como solo él sabe hacerlo. Una vez que termina la canción vuelvo a sentir un tirón y esta vez es de Nora que viene a vengarse. Jeremy se ríe y viene hacia nosotras cantando la canción

“DJ got us fallin’ in love” de Usher que está sonando por los gigantescos altavoces. Imita al cantante y no soy la única que lo mira embobada pues mi chico es bastante atractivo y algunas busconas se sitúan a su alrededor bailando con él. Nora que sabe que yo no voy a ser capaz de ir a rescatarlo, camina bailando hacia él y lo arrastra hasta donde estoy yo ante la mirada cabreada de las chicas que babeaban hace apenas un segundo por mi novio. Ella se va a bailar con uno que ha visto y le interesa mientras que Jeremy y yo bailamos y cantamos como si no existiera nadie más en la abarrotada sala.

Varias horas después volvemos a casa más que agotados pero muy felices. Nora se ha marchado en el coche de su última conquista a poner la guinda en el pastel, como suele decir ella. Jeremy y yo volvemos caminando a casa pues hace muy buena noche y mi padre nos trajo en su coche así que no nos queda otra. Andamos abrazados comentando el día de hoy en el que ha habido un poco de todo: nervios, risas, lágrimas de emoción, fotografías divertidas y tiernas, bailes… Pero ahora llega el momento más difícil con el que teníamos que lidiar. Llevábamos meses retrasando hablar de ello pero tras la graduación debíamos enfrentarnos a él.

—Sophie…

—Lo sé…—Una lágrima traicionera ronda mi mejilla y él me la quita con dulzura como es él, mi dulce bombón.

—Pero esto no quiere decir que vaya a cambiar nada entre nosotros. Cariño—se para y me gira para que estemos uno enfrente del otro—, eres la persona más importante de mi mundo y nunca, nunca voy a dejar que eso cambie. Sé que Nueva York está lejos pero cuando hablamos de las universidades nos prometimos que no dejaríamos que nuestros sentimientos influyeran en la decisión que debíamos tomar. Ahora nuestra relación va a cambiar pero no lo que sentimos.

—Ya… Tienes razón, lo que no quiere decir que vaya a ser fácil. Estoy tan acostumbrada a hacer todo contigo, no me imagino mi día a día sin ti. Todo lo que hago te lo cuento y no poder hacerlo… No sé, será una tontería quizá.

—No, digas eso Soph, por supuesto que no es una tontería—me abraza y nos mecemos en un vaivén al igual que nuestros sentimientos: felices de emprender nuestras respectivas carreras pero desolados al tener que separarnos—. Necesito que sepas que te amo con todo mi corazón, ¿vale?—Alzo la mirada y le sonrío con los ojos brillantes por las lágrimas.
—Lo sé—me pongo de puntillas y le doy un suave beso en los labios—. Pero no pensemos en eso ahora, aún tenemos unas magníficas vacaciones de las que disfrutar antes de eso—me lanzo a sus brazos y nos besamos durante lo que nos parecen unos segundos pero que en realidad es un tiempo mucho más largo. Con Jeremy siempre ha sido todo sencillo, natural, como si el tiempo se pasara volando. Sé que sigue preocupado por nuestra pronta separación pero yo sé que nuestro amor es tan grande que nada podrá alejarnos el uno del otro...

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