jueves, 30 de marzo de 2017

Vacaciones, musas y una antología muy chula

Por fin se acercan las vacaciones, esas con las que llevo soñando hace semanas. Cada vez que se acerca el final del trimestre, me levanto cada mañana arrastrándome literalmente. Lo peor de todo es que según vas tachando días en el calendario, cuesta más y más llegar al día oficial de vacaciones, incluso son días en los que estoy más distraída, desconcentrada y es que las baterías están completamente descargadas.


Si además le sumamos que la abstemia primaveral aparece, el agotamiento es infinito. Escaso tiempo, trabajo, trabajo y más trabajo que se acumula en estos días finales, burocracia que nunca acaba... y cuando tengo algo de tiempo libre es imposible mantener los ojos abiertos. Ni siquiera puedo leer un rato antes de irme a la cama. 


Soy persona inquieta en general en mi vida. Este mes que finaliza ha sido el mes en el que por fin me lancé a cumplir uno de mis sueños de infancia: aprender a tocar el piano. Si tenía poco, le añado una tarea más para complicarme más la existencia. A pesar de todo, el piano se está convirtiendo un poco en lo que la escritura significa para mí. Disfruto sentándome enfrente del teclado, practicando las canciones que la profe me enseña, cantando las notas... Lo que no pensé fue que precisamente cumplir este sueño me iba a quitar tiempo de seguir con el otro. Pero como se suele decir "sarna con gusto, no pica". 


Quizá por esta razón las musas se hayan mudado o a lo mejor se han enfadado al desplazarlas por el otro teclado, pues se han tomado ya el descanso. Hace tiempo que no aparecen pero tampoco es algo que me agobie ni me preocupe como solía ocurrirme al principio. No soy capaz de definirme de forma estricta, es decir, no puedo afirmar ya si soy una escritora de brújula o de mapa. Organizo una historia con mapa y me veo incapaz de seguirla, trabajo con brújula y también estoy perdida. Últimamente, a decir verdad, siento más que estoy inmersa en la locura, escribo según me encuentre en ese momento... Solía comenzar una historia, serle fiel y zanjarla.  Los bailarines me acompañan hace meses yendo y viniendo, la serie New Adult que empecé el año pasado de vez en cuando llama mi atención rogándome que continué con sus historias, y  en este tiempo en el que las musas han partido, he empezado otra novela que ni yo misma sé adónde irá, por lo que el caos está asegurado. 


Y para rematar me he embarcado en una propuesta maravillosa en la que no dudé ni un instante cuando mi compañera de letras, Laura Girón, me pidió ayuda. Puedo tener poco tiempo y estar exhausta, pero siempre que una causa benéfica como la que nos ocupa surge, me lanzo sin contemplaciones. He podido contactar con autores fantásticos que no han dudado en responder que sí a la iniciativa, y desgraciadamente otros muchos no han podido estar presentes en ella por motivos profesionales y personales. No obstante, quiero darles las gracias aún así por haberme contestado a la propuesta, pues la educación debe estar ante todo. Estamos deseando empezar a leer los relatos de todos esos escritores que de forma desinteresada han decidido participar. Y como dice la foto de abajo: "un libro, mil sentimientos". Después del verano reuniremos en un único libro millones de sentimientos que espero leáis con este mismo entusiasmo.

domingo, 12 de marzo de 2017

Tomar decisiones


Nunca he sido una persona que se caracterice por tomar decisiones de manera rápida e incluso que dichas decisiones sean las correctas. Siempre me ha costado adaptarme a los cambios, a veces he obrado por pura inconsciencia y el resultado no ha sido todo lo deseado que fue en un primer momento. De los errores también se aprende que suelen decir, así que no me malinterpretéis que no soy persona de lamentarse de lo que ha hecho en su vida. Hoy de nuevo estoy reflexionando (serán los domingos que me hace estar pensativa), y a pesar de siempre haber sabido qué hacer en esta ocasión me cuesta más hacerlo. Entonces pienso en ellos y el miedo me paraliza, como dije hace unos días vía Instagram, casi un año después estoy cerca de dejarles volar, de presentarlos "en sociedad" y permitir que otros se enamoren de su historia tanto como lo hice yo y sus lectoras cero. Cada vez más cerca de dar ese salto de fe, lanzarme esperando que la red aparezca y sea lo suficientemente fuerte para sujetarnos. Salir de la zona de comfort, arriesgando sin tener la certeza de ganar.


Lo que más me gusta de las personas que hablan conmigo sobre si echarles a volar o no, es que todos coinciden en lo que reza en la foto. Así que siento que cada vez estoy más cerca de saber cuál será finalmente su destino, quizá lo haga bien y sea lo correcto, quizá me equivoque y mi decisión no sea la que debiera ser. Ante todo estoy muy orgullosa de que antes de llegar al mundo hayan enamorado ya a tantos lectores. Estoy muy orgullosa de ellos. En breve seguro que sabré qué debo hacer, cuándo menos me lo espere la solución aparecerá y la tomaré consciente y segura de que será lo que realmente me hará feliz. 

jueves, 2 de marzo de 2017

Feliz "biniversario"

Hoy se cumplen dos años desde que empecé en esta aventura literaria. Hoy, mi primera historia cumple dos años. Hoy, hace setecientos treinta días que pasó a ser un poco vuestra. Mis queridos Alba y Esteban están de aniversario. Hace dos años y medio no entendía nada de manuscritos, de redes sociales, de eventos… Y me lancé, me lancé sin red y con pocas esperanzas. Pensaba que únicamente parte de mi familia (aquella más asidua a las nuevas tecnologías) se leería la historia y aquello acabaría en unos ratos de risas por tirarme a la piscina sin saber si había algo de agua, con la vergüenza soplándome en la nuca pues no sabían que había escrito un libro y con muchos miedos en general.


Y en el primer mes se posicionó en los primeros puestos de Amazon siendo una de las novelas más vendidas durante mucho tiempo. Aún a día de hoy no me creo que siga entre los más vendidos y que me sigáis mandando mensajes felicitándome y dándome la enhorabuena por ella. Aquello que hace dos años era una utopía con la que ni siquiera me atrevía a soñar. Poco a poco todo fue creciendo: la autora, los libros, las esperanzas, los miedos, los sueños… Y sin hacerlo aposta la serie de “Las Tres Marías” comenzó. El pasado mes de noviembre la segunda novela de la serie vio la luz,  pudimos conocer a Elena y todo lo que llevaba a sus espaldas. Sé que falta la historia de Oli, no os preocupéis porque en algún momento llegará.


Sin embargo, hoy es el día de ellos, de Alba y Esteban, los que fueron abriendo el camino a todos sus hermanos que han ido llegando detrás, poco a poco. Si hago repaso puedo afirmar sin lugar a dudas que han sido dos años en los que he aprendido mucho, he disfrutado con compañeras y lectoras, con eventos, con cada firma que me habéis pedido, y he crecido de la mano de Alba y su pijo arrogante.

Hoy, de nuevo, quiero felicitarles asegurándoles que muchas más historias formarán parte de la estantería junto a ellos. Estoy convencida que en un futuro novelas con diferentes temas (soy de esas personas que cree en que hay que arriesgar y salir de la zona de confort) aparecerán de una u otra forma. También soy muy consciente que a día de hoy ya no es la mejor historia que he escrito, que en su momento lo fue todo para mí, pero aun así me siento realmente orgullosa de ellos.



Y para acabar este cumpleaños os dejo una de mis partes favoritas de la novela:
«—¿Por qué has tardado tanto? —me pregunta aún con la voz ronca por el tubo que tenía en la garganta.
—¿Cómo dices?
—No sé si lo he soñado pero había una música hermosa, tú tocabas mi mano suavemente y me llamabas “mi amor”. ¿Por qué has tardado tanto?
Me quedo paralizada. ¿Cómo puede ser que haya escuchado y sentido todo mientras estaba en ese estado? No lo pienso más y me acerco a su boca para darle un tierno beso en los labios.
—Te quiero, mi pijo arrogante —le digo en susurro.
—Lo dicho. ¿Por qué has tardado tanto, Albita?»



sábado, 25 de febrero de 2017

Tres meses de Elena

Ayer Elena cumplió tres meses desde que salió a la venta. He estado reflexionando un poco sobre lo que ha pasado en este tiempo por lo que me he animado a dejarlo por aquí escrito. Su historia nació al poco de acabar con la de su amiga Alba, mi primera historia autopublicada. Y Elena fue creciendo, contando sus miedos, sintiéndose pequeñita, a veces grande, pero fue cambiando a medida que pasaba el tiempo. En todos esos meses que transcurrieron desde que comencé con ella, se cruzó Mateo haciendo que solo pudiera verlo a él con esos ojos azules y ese romanticismo del siglo pasado que no solo enloqueció a Clara. También apareció Elliot con esa mirada perdida y ese corazón roto que no solamente Sarah quiso recomponer. Incluso me involucré por completo en una historia new adult que espero pronto vea la luz. Y en todo ese espacio, Elena seguía a la espera, tomándose el café con las mejores vistas posibles en un ático de Nueva York.


Por fin la calma regresó y volví a la ciudad de los rascacielos a reconciliarme con ella, a reencontrarme con viejos conocidos como Alba y Oli, con el carácter paciente de Eric y cuando meses después di al botón de "enviar" por fin salía a la luz la historia que más tiempo ha rondado por mi cabeza. Pero ella supo perdonarme y su historia fue aún más especial, cociéndose a fuego lento, acompañándome mientras sus hermanos iban apareciendo. Y de nuevo volví a enamorarme de un personaje, de ella. Quizá sea porque es la que más se asemeja a mi carácter y en la que más he puesto parte de mí. 


 Sé que debería haberle dedicado más atención (soy mala madre literaria en ese sentido), aunque a pesar de ello la bienvenida al mundo para Elena y Eric fue estupenda. Sigo recibiendo mensajes llenos de cariño, hacéis posible que se mantenga en la lista de los más vendidos en romántica junto a la novela de Alba dos años después (ni soñando jamás pensé en algo así). Y aunque me duele en el alma esta vez no voy a poder hacéroslo llegar en papel como hice con Mateo. Perdonarme porque cada vez que me preguntáis si os lo puedo enviar dedicado se me parte un poco el corazón. Deseo algún día estar en algún evento o algún café donde pueda hacerlo y charlar de nuevo con todos vosotros que sin duda sois el regalo más grande para ellos, para Alba, Elena, Sarah, Mateo...

Así que resumiendo estos tres meses han sido parte de este sueño que estoy viviendo gracias al apoyo constate y diario de todos vosotros, que no me dejáis caer ni me permitís que deje de contaros esas historias que llenan mi mente. Gracias por hacer perfecto mi corazón, ¡feliz sábado!

martes, 14 de febrero de 2017

Primeros encuentros

Hoy que es un día señalado para esos amantes que siguen mirándose a los ojos y ven su propia alma reflejada en el otro he querido echar la vista atrás y recordar ese primer momento en el que él la ve a ella y algo se remueve por dentro, cuando a ella empieza a erizársele el vello de la piel al sentirle cerca, cuando la vergüenza es la protagonista o una pelea es el principio de todo. Ese momento es lo que se llama "el encuentro cuco" y me ha encantado recordar el de mis chicos. ¿Nos acompañáis en su primer encuentro?
 DESDE EL DÍA EN QUE TE VI (Alba y Esteban)

—Señora, por favor, decídase ya, que algunos tenemos prisa —oigo semejante frase llena de enfado a mi espalda y empiezo a notar que la vergüenza cubre mi rostro pero es que no sé qué coger. Lo ignoro.
 —Hmmm…. Pues la verdad es que me encuentro en una situación complicada —le digo a la dependienta entre risas, sin darme cuenta que a ella poco le importa eso.
 —Señora, por favor, hay mucha gente esperando. Si no lo tiene claro échese a un lado hasta decidirse —me dice la pobre mujer pero me niego a irme o sino cuando lo tenga claro tendré que volver a la cola infernal y entonces sí que voy a tener que quedarme a pasar la noche en la oficina. —No, no se preocupe que ya lo voy teniendo claro… hmm… a ver…
 —¡Señora, por favor, o se decide o pido yo! Y tras semejante grito no puedo más que darme la vuelta y enfrentarme a menudo energúmeno que me ha gritado en todo el oído dejándome medio sorda. Me giro rabiosa con la clara intención de cantarle las cuarenta a Don impaciente, pero lo que no me esperaba es lo que vi. Un hombre alto, yo diría que un 1,80, cabello castaño, alborotado. Sus ojos, negros como el azabache, me miran desafiante. Lleva barba de un par de días, un traje azul marino oscuro y una corbata naranja clarito que resalta la camisa azul cielo que lleva. A pesar de llevar el traje se vislumbra que tiene un cuerpo fuerte y atlético. Tiene pinta de ser pijo y encima arrogante, a juzgar por su mirada y comentarios. Me debo quedar bastante embobada porque de pronto el extraño amable chasquea sus dedos delante de mí llamando mi atención y vuelve a hablar con esa dulce voz.
 —Guapita, ¿te decides ya? Porque aquí estás montando una buena y yo no sé los demás, pero yo tengo muchísima prisa. ¿Qué te parece si te pago lo que quieras y te largas de una vez? ¿Guapita? Uy, uy, uy. Esto se está calentando por momentos. Este tío es un idiota redomado. Se pensará que por estar bueno puede decir y hacer lo que le dé la gana pero acaba de pinchar en hueso. 
—Mira, guapito —le digo con toda la rabia del mundo—, me vas bajando el tono y la mala leche o me voy a eternizar en hacer mi pedido. Todos tenemos prisa, pero te vas a esperar a que decida lo que quiero y aunque te agradezco tu gesto de pagarlo no necesito que un pijo como tú me pague nada. Así que paciencia y cállate la boca.



 EL JEQUE (Elizabeth y Khalid)


¿Pero qué pensaba hacer?
 Elizabeth se removía  pero era inútil, el hombre era muy fuerte. Intentaba hablar pero no le salían las palabras. ¿Qué le ocurría? Su mente no respondía pero su cuerpo se iba animando por momentos. El extraño notaba su inquietud y una vez que la tuvo atrapada bajo su cuerpo le susurró con voz sugerente y sensual:
—No luches Imra. En unos minutos, todo habrá acabado.
¿Imra? Esa era la palabra que aparecía en su sueño una y otra vez. ¿Pero qué demonios significaba eso? ¿Y por qué estaban en plena tormenta tumbados boca abajo en la arena? Era increíble que bajo aquella repentina tempestad arenosa, estuviera sintiendo cosas que no se explicaba. Pero aún le resultaba más increíble que ese hombre del desierto desprendiera ese aroma como a canela. De pronto se acomodó en esta extraña postura e hizo un suave ronroneo pues estaba la mar de a gusto. El desconocido reprimió una risita y tras lo que le parecieron horas enteras, llegó el momento de la separación. Se desprendió de su abrazo y soltó las mochilas. Avergonzada tras semejante momento se incorporó, al girarse se le paralizó el corazón y se bloqueó. Ya no recordaba adónde iba ni qué tenía prisa. Estaba perdida en sus ojos. Profundos ojos marrones. Era lo único que dejaba a la vista tras esa túnica blanca que brillaba aún más debido a la exposición del sol. Ni siquiera era capaz de hablar. ¿Pero qué le pasaba?
—Debería tener más cuidado señorita. Sospecho que no conoce el desierto y las tormentas de  arena son traicioneras. En cualquier momento pueden aparecen —se dirigió a ella tras haberse desprendido del pañuelo que le cubría la nariz y la boca. Una boca sensual y traviesa que se le antojaba más que apetecible y esa voz, con un acento tan característico de la zona, que le ponía el vello de punta.
—Pero por lo que he podido comprobar, tal cual vienen se van, —se le escapó de la boca antes de pararse a pensar. «¡Piensa Eli por Dios!» Parece que le hizo gracia y hasta sonrió.
—Nunca tiente a su suerte. Esta vez he estado yo para protegerla ¿pero qué ocurrirá la próxima vez que yo no esté para salvarla?—le dijo con cierto tono de sarcasmo.
—No soy ninguna damisela en apuros del siglo XVIII. No necesito que nadie me proteja ni me salve de nada. Yo solita me basto y me sobro—en ese momento recogió sus cosas y se dio la vuelta bastante enfadada. ¿Quién se había creído ese hombre que era? ¿Bella Swan a punto de ser devorada por un vampiro?
—¿Esa es su forma de dar las gracias?—le preguntó consiguiendo que se quedase clavada en el sitio. Se giró y vio que se acercaba lentamente hacia ella. De nuevo sus sentidos se embotaron y no podía hablar.
—Gra… gra… Gracias, señor del desierto—recomponiéndose al echar un par de pasos hacia tras recobró la sensatez y su sexto sentido le decía que empezara a echar a correr. No sabía bien porqué pero aquel hombre le parecía más peligroso que cualquier morador de tribu que habitara por esos lugares.
—De nada señorita de ciudad, pues se me antoja que no es de por aquí cerca. ¿Me equivoco?—le preguntó mientras volvía a recoger las mochilas para seguir su ruta. ¿Pero por qué le seguía hablando si ya había pasado la tormenta y le había dado las gracias?

—No se confunde en absoluto. Efectivamente no soy de aquí. Ya he perdido mucho tiempo debido a esta estúpida tormenta, así que si me disculpa debo proseguir mi trayecto inmediatamente. Gracias de nuevo, que Alá le proteja o lo que sea—le contestó haciendo un gesto con la mano y acto seguido se dio la vuelta, pues si permanecía frente a él, se quedaría anclada en esas arenas y no sería capaz de continuar con su objetivo.



  MI CORAZÓN TE PERTENECE (Clara y Mateo)


Para mi suerte o desgracia –aún no soy capaz de decidirlo– él se baja del coche y se dirige hacia mí. Oculto tras unas gafas de sol, ante mí se para con su aspecto de modelazo, con su camiseta de manga corta blanca que le marca los bíceps de manera espectacular, sus vaqueros desgastados que le quedan de muerte y unas deportivas blancas. Se agacha a mi lado y creo que me voy a quedar ciega de tanta belleza cuando se quita las gafas de sol ¡menudos ojazos azules que se gasta el tío! Todavía con el vestido por la cintura y a cuatro patas, me lo quedo mirando embobada. Una lástima, porque no creo que tenga más de veinte años. Por fin puedo actuar, y con toda la vergüenza del mundo, me bajo el vestido y comienzo a recoger mis cosas del suelo como si me hubieran metido un cohete por el culo.
—¿Estás bien? —Me pregunta el Adonis mientras me ayuda a meter las cosas en el bolso.
Yo solo soy capaz de asentir con la cabeza y darme toda la prisa del mundo. Ahora entiendo eso de “Tierra trágame”. Cuando tengo todo en el bolso vuelvo a mirar al coche, donde la chica que va de copiloto me mira con cara de pocos amigos, porque ver al chulazo de su novio ayudando a una loca semidesnuda no creo que sea agradable de ver. Entonces siento el contacto del Adonis levantándome con sus fornidos brazos y un escalofrío me recorre entera, ¿qué está pasando?

Paseo la mirada del coche a los ojos azules del buenorro y siento que no puedo apartar la mirada de él. Varias personas comienzan a arremolinarse a nuestro alrededor y es cuando aprovecho para escapar de esa situación extraña. Sin decir una sola palabra me suelto y salgo corriendo, rezando para no darme otro tortazo como el que me acabo de dar. Por suerte el piñazo ha sido a apenas unos metros de la oficina, así que llego antes de lo esperado y con un dolor de rodillas tremendo, aunque la vergüenza que he pasado creo que es peor.





AMANECER EN ÁFRICA (Sarah y Elliot)

 Tras media hora de viaje, llegó al aeropuerto. Sarah veía cómo salían por la puerta principal decenas de personas pero ninguna se fijaba en su cartel donde aparecía el nombre del doctor Elliot Savannah. La gente siguió pasando y Sarah estaba empezando a impacientarse así que comenzó a decir su nombre en voz alta, casi chillando por lo que los pasajeros y demás gente la miraban horrorizados e incluso hacían comentarios sobre aquel comportamiento pero ella tenía muchísimas cosas que hacer y no podía perder el tiempo.

 — ¿¡Doctor Savannah?! ¿¡Doctor Savannah?! —Gritaba mirando a la gente que seguramente estarían pensando que era una loca, tenía tantas tareas pendientes en el hospital que estaba impaciente por recoger al nuevo doctor y marcharse a la misión de nuevo.
 —Creo que ese soy yo—respondió una voz profunda a su espalda, Sarah se dio la vuelta y vio al nuevo doctor. Un hombre alto, de pelo corto, barba incipiente, profundos ojos azules y cuerpo bien definido. Sintió un escalofrío al mirarlo a los ojos y un impacto directo a su corazón. ¿Eso era lo que se sentía al recibir un flechazo? Ella nunca antes había sentido semejante sensación, no era capaz de articular palabra. Aquel hombre que tenía enfrente tan sencillamente vestido con una camiseta de manga corta blanca que marcaba claramente los músculos de sus brazos, unos vaqueros azules desgastados y unas deportivas blancas, la miraba fijamente—. ¿Es usted de la misión?
 —Sí, claro. Soy la doctora Collins—le respondió Sarah tras tragar saliva haciendo acopio de fuerza pues estaba petrificada, le guió hasta el coche donde el doctor dejó su maleta y se sentó junto a ella en el asiento del copiloto. Sarah inhaló antes de entrar pues apenas habían pasado un par de minutos y ya le costaba actuar de forma tranquila. Dentro del coche fue aún peor pues aquel hombre desprendía un olor que la hacía removerse inquieta y su estómago no dejaba de darle saltos. Se concentró en la carretera y en la música que salía por la radio pero no sabía qué decir, finalmente el doctor empezó una conversación.
 — ¿Está muy lejos la misión? —Quiso saber el joven hombre.
 —No, apenas se tarda unos treinta minutos—consiguió decirle ella sin apartar la vista del trazado sinuoso de la carretera.
 —Perfecto. Estoy deseando comenzar a trabajar allí—le dijo el hombre mirando por la ventanilla, ella lo miró de reojo y vio que estaba ensimismado en las vistas al igual que le ocurrió a ella el día que llegó allí—. ¿Cuánto tiempo lleva usted aquí?
 —Cuatro meses— le dijo Sarah sin apartar la vista de la carretera.
 —Si no le importa preferiría que nos tuteáramos ya que vamos a trabajar juntos—pidió el nuevo médico a la joven doctora que era incapaz de enfocar su mirada en esos preciosos ojos.
 —Por mi perfecto—contestó muy escuetamente.
 Pasados diez largos minutos donde apenas charlaron sobre el asfixiante calor que hacía, comentaron la vegetación que se encontraban a su paso y hablaron del largo viaje hasta llegar a África. Sarah nunca había deseado tanto llegar a algún lugar como en aquella ocasión, en el coche se estaba ahogando y no precisamente por la temperatura que rozaba los cuarenta y tres grados centígrados a lo que se iba acostumbrando.  Ese hombre había provocado una gran impresión en ella y necesitaba estar lejos de él, al menos durante un rato. 

   NO SÉ POR QUÉ TE QUIERO (Elena y Eric)

—Vaya, vaya. No sabía que ahora el despacho de mi asistente era tu nuevo estudio, querido Lucas. —Me paralizo, porque ahora sí que me es conocida esa voz. ¡No puede ser! A pesar de haber cruzado pocas palabras con él en España, reconozco la voz de Eric. ¡Dios!, ¡qué mala pata la mía! Ahora que trabajo para él, me ha encontrado haciendo esta tontería, así que ya me puedo ir despidiendo de comenzar con buen pie. Congelada como estoy, soy incapaz de girarme para mirarlo hasta que la voz de Lucas me saca de mi estado. 
—Ya me conoces, Eric. Cualquier lugar es bueno para tomar unas fotografías y más cuando un tesoro como este me inspira. —Reparo en que le contesta de forma bastante amigable. Ahora hemos pasado de ángel a tesoro, como si el fotógrafo fuera Gollum y yo fuera el anillo codiciado. 
—Una pena que pienses así. Me gustaría comenzar a trabajar y necesito a tu «tesoro» para ello, así que, si eres tan amable, vuelve a tu estudio con tus modelos y déjanos sacar adelante esta revista.  
¿Su tesoro? No, no, no. Yo soy una profesional y esto no es lo que parece, me gustaría decir, pero creo que va a ser inútil. Bastante avergonzada, me vuelvo y, por primera vez desde que estoy en Nueva York, oteo al amigo de Esteban. Ya casi no lo recordaba. Lleva un traje negro, camisa blanca y corbata negra a juego. Su pelo oscuro, peinado hacia atrás, es impecable. Él parece perfecto. Ojos negros, y barba incipiente. Atlético, eso está claro, aunque con el traje lo disimula bastante. En España recuerdo que sonreía más… Claro que después de la estampa que se ha encontrado en su oficina, el primer día de trabajo de su nueva asistente, no me extraña que tenga esa cara de rancio.  
—Señor Reynolds, yo siento esto… pero el señor Hamilton me dijo lo de las fotos para las fichas de los empleados nuevos y… bueno… como usted no llegaba… —¡Dios! Pero ¿se puede divagar más? Tierra trágame, es lo único que viene a mi mente. 



lunes, 6 de febrero de 2017

Reflexiones


Hace unos días compartía esta entrada en una red social y muchos fueron los comentarios con los que me encontré. Gracias a todos por vuestra opinión, dejo aquí la entrada a forma de reflexión que debemos hacer de vez en cuando.

A veces merece la pena, hay momentos como el que he vivido hoy con una lectora que me ha hecho pensar. "Tú eres Scarlett y eso no significa que porque no estés en aquella editorial o porque seas autopublicada seas menos que los autores de las grandes editoriales. Si tu novela llega al lector, le da lo mismo la forma en que la publiques. Puedes ser TODO para él de igual forma".
Y es que a veces nos hacen sentir que somos menos por no estar en determinada editorial. Es una lástima que aún haya gente que ni siquiera se moleste en leer a escritores autopublicados o incluso los desprecien, porque como siempre digo, se pierden historias fascinantes.

Hay que apostar por la literatura calidad, sin importar de donde venga. Y a veces viene de gente que precisamente se autoedita, con todo lo que ello conlleva, y esos también son los que nos hacen soñar y nos transportan a lugares mágicos. Yo, personalmente, estoy muy orgullosa de ser híbrida, aunque abogo mucho por la autoedición, porque a veces los árboles no nos dejan ver el bosque. Pensemos que existen más autores, más formas de publicar una historia, y abramos un poco más la mente. Ayudemos al autopublicado que también es capaz de aportar calidad a este mundo literario.


                                                                   SCARLETT BUTLER


domingo, 29 de enero de 2017

Hablamos de... chick-lit

Antes de comenzar con este artículo quisiera explicar el por qué hablar de este género. Mi primera y tercera novela se enmarcan dentro de este género y cuando me planté ante el ordenador a desarrollar sus tramas, lo pasé de miedo.

Por esto, me he parado a reflexionar sobre el chick- lit. Lo confieso, soy una de esas autoras a la que le cuesta creer  en los géneros. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que no me gusta mucho eso de dividir la literatura, pues se trata de etiquetar y ordenar, pero nada más. Es evidente que es útil para organizar nuestro mapa mental (y las secciones de las librerías) pero muchas veces tendemos a arrastrar ciertos prejuicios junto a los géneros. En una entrada en mi blog hablaba del género de la novela romántica, siempre considerado el “género chico”, “el de la novela rosa”, de peor calidad que otras obras literarias con diferente temática… Al igual que la romántica, el género erótico también lleva sus propios prejuicios, en especial cuando es una mujer quien firma la novela. Muchas compañeras han sufrido ese momento de miradas suspicaces, comentarios vulgares y de mal gusto, y acusaciones de ser un demonio con algún problema en su sexualidad, por lo menos. Incluso estoy segura que muchas han oído aquello de “¿tu familia sabe que escribes estas cosas?”, y es entonces cuando pienso en aquellos escritores de terror como Stephen King a los que no creo que le hagan preguntas del tipo “¿cómo anda usted de salud mental al escribir sobre asesinatos, vísceras y psicópatas?”.

Pero de lo que hoy vamos a hablar es del género chick- lit. Recuerdo la primera vez que escuché aquella palabra y me quedé pensando de dónde vendría. Según San Google: “se trata de un género dentro de la novela romántica, que actualmente está en auge, escrito y dirigido para mujeres jóvenes, especialmente solteras, que trabajan y están entre los veinte y los treinta años”.
Tras leer su definición seguí reflexionando por qué debe estar dirigido a mujeres solteras en ese rango de edad, ¿es que el público masculino no pueden divertirse con estas historias? ¿O las mujeres de más de treinta años? Mi visión personal es que es un género de estilo romántico- contemporáneo con grandes dosis de humor, amor, sexo, amistad y situaciones que nos pueden pasar a todos en nuestro día a día.

Si vamos un poco más allá de los libros, hay series de televisión como “Sexo en Nueva York”, basada en la novela de Candance Bushnell, además de películas como “El diario de Britget Jones”, de Helen Fielding.  

Analicemos un poco más el chick-lit,  ¿qué tienen todas las obras pertenecientes a este género en común?

 -   Lo primero es la protagonista femenina, una chica guapa, inteligente y algo caótica. Suelen ser chicas jóvenes, entre los veinticinco y los treinta y cinco años (en muchos casos crecen a lo largo de la historia), con un nivel adquisitivo medio/alto, solteras (o inmersas en una relación que no las satisface por completo) y  con una tendencia al dramatismo o al caos, que dan un giro a sus vidas empujadas por decisiones laborales o sentimentales.
-     Después llega lo que llamo el gran momento del libro, aquel  “chica conoce a chico”. Siempre coincide con una situación absurda o ridícula que nos hace reír mientras pensamos en el bochorno que debe estar pasando el/ la protagonista.
-       Las risas están aseguradas, si no te ríes, no es chick- lit. En numerosas ocasiones se busca el lado cómico de las situaciones surrealistas o ridículas que atraviesa la protagonista femenina. No tenemos más que recordar las situaciones por las que pasa Bridget Jones o Becky Bloomwood, en “Loca por las compras” de Sophie Kinsella.
-       La gran ciudad como contexto es esencial, lo habitual es encontrar a la protagonista sobreviviendo en una gran ciudad como Nueva York, Londres, Madrid, Barcelona…
-       Rutina, aquí se busca que el lector/ a diga “eso también me pasa a mí”. A los lectores nos encanta sentirnos reflejadas en personajes como Carrie Bradshaw, de Sexo en Nueva York. Esto es porque este tipo de novelas están salpicadas de miles de situaciones cotidianas y apuros por los que todas hemos pasado alguna vez.
-       Vida glamurosa, pues tradicionalmente ha estado acompañado por el glamur y la moda: zapatos, vestidos, purpurina... Por eso no es extraño encontrar en el interior del libro marcas como Manolo Blahnik, Jimmy Choo, Dior… lo que añade glamur a la historia. Si la novela ha conseguido que nos sintamos reflejadas en las preocupaciones de su protagonista, verla acudir a clubs de fiesta en fiesta o llevar la última moda en ropa, añadirá a la experiencia de la lectura la motivación extra, pues además de sentirnos como ella, soñamos con ser como ella.
-       Los amigos de la protagonista son otra pieza fundamental de la novela, son aquellos que son vitales para la chica, los que la llevan “de la mano”, los que colaboran  en las situaciones caóticas, pero aquellos que al mismo tiempo la aconsejan y la ayudan a tomar decisiones.

Resultado de imagen de loca por las compras

Por todo esto es un género cada día más leído debido a su frescura, y su tono irreverente y divertido, haciendo que las lectoras se rían a carcajadas y sueñen con ser alguien diferente a lo que son durante un rato, sintiéndose en la piel de esa chica que al final consigue su “felices para siempre” con el que todas soñamos. 

sábado, 28 de enero de 2017

Sigo estando aquí

Leo se despertó cuando la alarma del móvil sonó a las 7.30. No se lo podía creer, después de dos mágicos y maravillosos meses de vacaciones volvía al trabajo, a la rutina, a los lloros, los mocos… Era el primer día del período de adaptación de los niños de tres años que tenía y como ya era veterana en eso, sabía lo que le esperaba. Llegó al colegio mucho antes de tiempo para tenerlo todo preparado cuando los padres llegasen con los niños, por desgracia muchos trabajaban y algunos pequeños iban solos toda la jornada como el caso de Rosa, Daniela e Ismael. Las dos niñas lloraron al principio pero Leo consiguió distraerlos jugando y pintando, Ismael era otro cantar, por mucho que intentó jugar con él, cantar o pintar no hacía más que llorar mientras miraba por la ventana esperando que su abuela lo recogiese a las dos. Llegada la hora Leo salió a entregar a los pequeños a sus padres y abuelos y cuando le llegó el turno a Ismael le contó a la abuela que había sido tarea imposible ya que el niño no había dejado de llorar con la consecuencia de estar un poco ronco, seguramente mañana estaría enfermo. La abuela lo entendió pero temió que al llegar a casa el padre de Ismael montara en cólera. Efectivamente cuando Alex apareció por casa y vio que su hijo estaba ronco y se quejaba de dolor de garganta, le preguntó a su madre que le dijo lo que había sucedido en el colegio.

—¡Pues no lo entiendo! ¡Qué clase de profesorado hay en ese colegio! Se suponía que era el mejor de la zona, y ahora me dices que el niño está malo porque le han dejado llorar toda la santa mañana, ¡menudos sinvergüenzas! Mañana salgo antes del trabajo y me presento a hablar con quien haga falta.
La abuela conociendo el temperamento de su hijo intentó calmarle pero cuando se ponía así no se podía más que dejarle desahogarse y con un poco de suerte mañana estaría más calmado y desistiría de acudir al centro escolar pero por desgracia no fue así. Al día siguiente cuando dieron las cinco en punto se presentó en el colegio a pesar de que Ismael se había quedado en casa porque la garganta fue a peor y le dio fiebre por la noche, la abuela lo había llevado al médico que simplemente le recetó Dalsy y poco más. Los niños iban saliendo junto a dos profesoras, «qué raro» pensó Alex, su madre le había dado el nombre del profesor de su hijo, Leo. Quizá se había puesto malo o no estaba en ese momento por allí pero eso no le achantó y se quedó a hablar con una de las mujeres cuando terminó de entregar a los niños, que por cierto era una mujer preciosa, cabello castaño largo, no llegaría al metro setenta, ojos negros y una sonrisa resplandeciente. Alex sintió cómo aquella mujer le atraía y decidió que hablaría con esa, pobrecita porque la que le esperaba era fina… Se acercó cuando despidió al último padre e interrumpió la conversación con la otra mujer.

—Perdonen, quisiera hablar con Leo.
—Soy yo—respondió la joven en la que se había fijado Alex, ¿pero cómo podía serlo?
—No, yo busco a Leo, el profesor de la clase de 3 años A.
—No, usted está en un error. Leo soy yo, Leonor—dijo ella sonriéndole. ¿Pero por qué tenía aquella sonrisa tan dulce cuando iba a cantarle las cuarenta? Alex hizo caso omiso a lo que su cuerpo sentía e irguiéndose atacó.
—Bien, pues me gustaría que me explicase porque mi hijo de tres años no paró de llorar ayer y usted no hizo nada para calmarle. Está en casa enfermo de tanto forzar la garganta—le dijo Alex con los brazos cruzados en pose de chulito. Lo último que le faltaba a Leo, aguantar las tonterías de los padres el segundo día de clase aunque aquel hombre no estaba nada mal, alto, con el pelo bien repeinado, barbita de tres días y unos ojos verdes como las esmeraldas que brillaban más aún del enfado que llevaba, sinceramente una charla a solas no le parecía tan mal…
—Si me acompaña a la clase hablaremos tranquilamente—ella hizo un gesto con el brazo invitándole a entrar pero antes de poder seguirla una pequeña rubia de ojos claros se lanzó a los brazos de aquella mujer. Al parecer le había dado clase durante tres años y la niña se había empeñado en ir a ver a su profesora que abrazó a la pequeña y la llenó de besos a la vez que charlaba con la madre de la cría. Pues no parecía tan monstruo como él pensaba, no se lo estaba poniendo nada fácil, quería decirle de todo y ponerla a caer de un burro pero con esos gestos tan tiernos y cariñosos no le salía.

En el interior del aula ambos sentían que hacía mucho calor cuando en realidad el tiempo estaba como loco y había llovido los últimos dos días pero sentían ese fuego interior, a Leo se le estaban poniendo las mejillas sonrosadas de pensar en lo bien que olía el padre del niño y lo guapo que era,  Alex por otro lado estaba al borde del infarto pues al entrar se habían rozado sin querer, sentir el cosquilleo de su pelo en el hombro y la sonrisa con que lo miraba era demasiado. Tras media hora en la que la profesora trató de explicarle que a pesar de mecerlo, querer jugar con él e incluso cantarle nada funcionó, el padre se marchó algo más calmado pero con el corazón a mil por hora por estar tan cerca de la profesora de su hijo. A partir de ahora iría a recoger a su hijo más frecuentemente.

                                               ****

Pasaban las semanas y Alex hacía malabarismos en el trabajo para poder ir a recoger a Ismael pero con tal de no perderse la sonrisa de la dulce Leo hacía lo que hiciese falta. Su hijo se fue adaptando poco a poco lo que le hizo muy feliz sumado a ver a la profesora cada día que alegraba todavía más su día. Cada vez que lo recogía se quedaba a hablar con la maestra hasta que ella se dio cuenta de ello y dejaba a Ismael el último para quedarse hablando tranquilamente. Por fin un día Alex encontró las fuerzas necesarias para pedirle que cenara con él a pesar de que le daba un miedo terrible lo que pudiese suceder.

Leo, llevo tiempo pensando algo pero no sé qué pensarás tú…
Pues si no me lo dices no podré saberlo ¿no crees?
Claro, verás quería preguntarte si cenarías conmigo un día—le pregunto Alex tan nervioso como si fuera la primera vez que pedía una cita a una chica. Desde que la madre de Ismael lo abandonó no había vuelto a tener ninguna relación con ninguna mujer y aquella que tenía delante de él le impresionaba demasiado. Afortunadamente ella le sonrió con la dulzura en su rostro calmando un poco la ansiedad ante la respuesta.
—Por supuesto que sí.

Alex se sintió aliviado al ver que ella estaba dispuesta a esa cena, cogió a su hijo y tras despedirse de ella se marchó a pasar el fin de semana pensando en cómo organizar esa cena. Leo por su parte estaba encantada de ver que el padre de su alumno, que por cierto era guapísimo además de ser un padre excelente, quería salir con ella. Sentía que quería dar saltos de alegría en el momento que le pidió la cita pero se contuvo, en cuanto entró en su clase para coger su bolso chilló como una loca y no dejó de saltar durante varios minutos.

El fin de semana lo pasaron de diferentes formas ya que mientras Alex se dedicó a su hijo comprándole ropa nueva, jugando, leyendo cuentos y yendo al parque donde tenía que quitarse a las madres de los otros niños de encima, Leo salió con sus amigas de fiesta, comió en casa de otras y preparó material para sus clases. El lunes por la tarde como un reloj acudió Alex a recoger a su hijo, ese día estaba más guapo que  nunca con el traje gris y la corbata negra subido a la bicicleta con el asiento para Ismael a su espalda. A Leo casi se le sale el corazón del pecho al verlo acercarse a ella y a Ismael así vestido, sonriendo abiertamente. El pequeño se lanzó a los brazos de su padre mientras la profesora terminaba de despedir al resto de las madres.

¿Qué tal el día?–Preguntó él sin dejar de quitarle los ojos de encima, le encantaba mirar ese rostro tan angelical.
¿El suyo o el mío?–Respondió una Leo cansada a pesar de mantener la sonrisa. Alex le dedicó una mirada de comprensión y se acercó a ella.
Ambos. Leo le contestó diciéndole que seguía habiendo niños que lloraban y no se terminaban de adaptar y algunos días eran más duros que otros. Alex intentó animarla contándole cosas divertidas que hacía últimamente su hijo en casa consiguiendo que ella se olvidara un poco del cansancio hasta que sentó al pequeño en la sillita, antes de marcharse se giró y le habló. Esta semana es complicada de trabajo y no voy a poder venir a por Ismael así que vendrá mi madre, descansa, no te agobies que al final todos saldrán adelante y el sábado tú y yo tenemos una citatras guiñarle un ojo se marchó pedaleando dejando a Leo embobada viendo cómo se alejaba de ella.

La semana se les hizo eterna a los dos que estaban deseando que llegara el sábado para salir a cenar, Leo estaba tan nerviosa que el mismo día de la cita no tenía ni idea de qué ponerse mientras que Alex se echó al menos medio bote de perfume encima acompañando el pantalón negro y la camisa blanca de manga larga remangada. Leo al final se decidió por un vestido burdeos de manga corta con flecos que le llegaba por encima de la rodilla, el pelo en un moño y unos tacones bien altos ya que Alex era mucho más alto que ella.

Quedaron en el colegio pues aún no habían intercambiado números de teléfono, cuando ella lo vio a él se le contrajo el estómago a la vez que a Alex se le secó la garganta. Se saludaron tímidamente con un “hola” y fueron a cenar a un restaurante que encontraron abierto después de las dos largas horas que estuvieron paseando. Apenas fueron conscientes de la hora hasta que sus estómagos rugieron de hambre, se encontraban tan cómodos en compañía del otro que perdieron la noción del tiempo. Tras la cena Leo le propuso ir a un pub a tomar una copa y así poder bailar algo porque era algo que le encantaba. El lugar estaba atestado de gente pero a empujones consiguieron entrar, pidieron un par de martinis y bailaron como locos. Para sorpresa de ella a él también le gustaba bailar. Fue en la canción “La gozadera” de Marc Anthony y Gente de zona que ella descubrió el motivo.

No te molestes pero nunca había conocido a un hombre que le gustase bailar.
La madre de Ismael adoraba bailar, así es como nos conocimos de hecho. Si quería estar por donde estuviese ella tenía que aprender así que me apunté a clases de ritmos latinos y créeme la conquistéal hablar de la madre del niño Leo sintió una punzada de celos aunque por lo que le había dicho el propio Alex hacía tiempo que había desaparecido de sus vidas. Al poco cambiaron el ritmo de las canciones poniendo algunas más lentas, momento que aprovechó él para pegarse más a ella y bailar sintiendo el cuerpo de ella pegado al suyo, rozando su barba en la cara de ella al juntarse más y entre la oscuridad y la música que acompañaba al momento, se besaron. Desde ese instante no se separaron, bailaron, rieron, cantaron… Salieron del local abrazados acariciándose, besándose, diciéndose palabras de deseo acumulado desde casi el primer día que se conocieron para acabar en la casa de Leo donde se amaron en la intimidad de su cama entregándose el uno al otro derribando los muros que Alex había construido desde que la madre de Ismael lo dejó. De madrugada, él se despertó y se quedó mirándola observando lo mucho que le atraía y le gustaba, ¿podría volver a enamorarse? Gema, la madre de su hijo, le había hecho tanto daño al abandonar a ambos que no sabía si estaba recuperado de aquello. Podría entender que no lo quisiera a él pero ¿su hijo? Nunca podría perdonarla y desde entonces había decidido no volver a amar a ninguna mujer que pudiese dañarle a él o a su hijo que era sagrado para él. Alex sintió miedo, un miedo atroz que no había sentido antes, si amaba a Leo y volvía a sufrir no estaba seguro de poder recuperarse. 

Ella se removió inquieta y al verlo despierto le preguntó si pasaba algo, para acallar las voces que no dejaban de hablar en su mente agobiándole con tanta pregunta, se lanzó sobre ella y volvieron a hacer el amor hasta el amanecer.

Al día siguiente Leo se levantó extrañada al no ver a Alex en la cama, tampoco había rastro de él por casa, ni una nota. Lo llamó pues la noche anterior se habían dado los números y le contestó diciéndole que el niño se había despertado llamándole por lo que su madre no había tenido más remedio que telefonearle, decirle que estaba asustado de lo que estaba sintiendo le pareció demasiado absurdo. No volvieron a verse hasta el lunes cuando fue a recoger al niño, ella no sabía cómo actuar pero cuando entraron en la clase y la besó con verdadera pasión y ansiedad sus dudas se disiparon. Alex seguía confuso pero no podía negarse a lo que aquella dulce mujer le hacía sentir, había decidido dejarse llevar.

Poco a poco comenzaron a verse con más frecuencia, iban al cine, salían a cenar, al parque con el niño, a hacer la compra… Llevaban pocos meses y ya parecía que fueran una pareja consolidada de años haciendo tareas domésticas. A Alex le encantaba ver cómo su hijo adoraba a su profesora que se desvivía por el pequeño, incluso una noche que estuvo enfermo no se separó de su cama como si de veras fuera su madre. La abuela estaba igual de encantada al ver la relación de los tres, por fin feliz de ver cómo su hijo había recuperado la alegría que le caracterizaba antes de lo sucedido con Gema, y si a alguien se lo tenía que agradecer era a Leo, ella que prácticamente se había mudado a la casa de los dos y convivían como una auténtica familia. Sin embargo había momentos en los que Alex se cerraba en sí mismo y no compartía sus sentimientos ni se dejaba amar como se merecía, ella casi desde el principio le dijo que le amaba pero él simplemente le contestaba «yo también».  Nunca le había dicho el ansiado «te amo», no perdía la esperanza pero cada día le dolía más no escucharlo.

Un día terrible en el trabajo, de nuevo las dudas de si los dejaría el día menos pensado y ver a Leo abrazada a un compañero de trabajo fue lo que le hizo estallar. Al recogerlos en el colegio apenas habló, dejó al niño con su madre y tuvieron una pelea grande aunque sin sentido para ella.

¿Pero de qué estás hablando?
¡De qué hablo Leo! ¡Por Dios que te he visto en brazos de ese profesor!–Entonces supo a que se refería pero por mucho que quiso explicárselo, era inútil.
Alex, te lo he dicho ya cien veces. Me abrazaba a Manuel porque su padre está muy enfermo en el hospital y necesitaba algo de consuelo. No veas cosas donde no las hay.
¿Así que ahora se llama así? ¡Por favor que no soy estúpido!–Tras casi dos horas de discusión ella se dio cuenta que era la excusa perfecta para terminar con su relación, esa que ella había estado manteniendo a flote porque él estaba demasiado herido para remar en el barco junto a ella.
De acuerdo, cree lo que quieras, te ha venido perfecto. Yo ya no puedo más, estás tan afectado todavía por lo que te hizo Gema que no ves más allá y lo que es peor, no te dejas amar. No sé si el tiempo pueda curar esa herida ni si yo estaré siempre aquícon esas palabras salió de su casa con un torrente de lágrimas corriendo por sus mejillas. Alex no volvió a recoger a Ismael del colegio en lo que quedaba de curso.

Un verano por delante para disfrutar y en especial para intentar olvidarse de Alex, tarea ardua para Leo que jamás se había enamorado hasta que él llegó a la puerta de su clase con actitud chulesca buscando al profesor de su hijo. Las amigas de Leo le organizaron un viaje a Roma que tenía tantas ganas de conocer y allí volvió a sonreír tras meses de pena, en los que la sonrisa se borró de su cara. No ver a Ismael tan frecuentemente fue duro, el pequeño estaba acostumbrado a compartir tantas cosas con ella que de hecho alguna vez le había dicho mamá empañándose los ojos de la dulce Leo. Para el niño fue difícil también que no entendía porque su profe ya no estaba tanto tiempo con él, por mucho que la abuela intentara explicárselo o hablara con su hijo para que arreglara las cosas. Alex tampoco estaba mucho mejor, amargado, retraído, regañaba a Ismael por cualquier tontería. Una noche su madre habló con él muy seriamente.

Alejandrocuando su madre le llamaba por su nombre completo algo iba malse acabó. No puedo seguir viendo cómo sufres y cómo padece mi nieto porque su padre es incapaz de olvidar a una mala mujer negándose el mayor regalo que la vida te ha dado después de tu hijo. Sé que amas a Leonor y la has dejado marchar.
¿Y qué hago mamá? No puedo arriesgarme a que Ismael se encariñe con ella y termine por dejarnos, por dejarme a mí…Contestó Alex con la voz rota a punto de llorar. Su madre tenía razón, había dejado marchar a una mujer maravillosa porque sus miedos habían ganado la batalla, pero ya era demasiado tarde, tanto tiempo había pasado que quizá ella lo hubiese olvidado o estaría con otro hombre que sí la trataría como solo ella se merecía. Conversaron sobre Gema, Ismael, su relación con Leo hasta que su madre consiguió convencerlo para que la buscase y le dijese por fin lo mucho que la amaba y la necesitaba para vivir.

Mientras tanto a muchos kilómetros, en Roma, Leo disfrutaba de la ciudad que desde pequeña le había enamorado. Una tarde paseando por el Trastevere no podía creer lo que veían sus ojos, Alex estaba de pie mirándola como si nunca antes la hubiese visto. Ella se giró y vio cómo sus amigas se reían y la empujaban a acercarse a él que poco a poco comenzaba a andar hacia ella. Los corazones de los dos palpitaban con tanta fuerza que era lo único que escuchaban en aquel bullicioso lugar. Alex al borde de las lágrimas quería decirle tantas cosas que no sabía por dónde empezar mientras que ella sentía que su mundo volvía a ordenarse, a tener sentido. Leo sabía lo que estaba pasando en su interior, había aprendido a leer en sus silencios, rozó sus dedos con los de él animándola a que le hablase.

Leo…No sé si será demasiado tarde pero…
Sigo estando aquíle interrumpió ella que necesitaba que supiera que ella jamás había abandonado pero Alex quería por fin decirle todo lo que sentía así que posó un dedo en sus labios un instante y continuó hablando.
—Muchas son las cosas que debería decirte pero todas se resumen en que te amo. El miedo pudo conmigo, me dejé vencer por él haciendo sufrir a tanta gente, Ismael, mi madre, tú y yo, pero me he dado cuenta que no puedo ni quiero vivir sin ti Leo, no debí negarme nunca este sentimiento que creció con fuerza en mi interior, por fin comprendo y acepto que mi camino va en tu dirección, hacia ti, que eres lo más valioso que tengo junto a IsmaelLeo ya llevaba un rato emocionada simplemente con ver a Alex abriéndose de una vez a ella, expresándole lo que durante meses fue incapaz de hacer.
Ya estaba aquí esperándote antes de que me dijeras que volviese contigo, con Ismael al que siento como mi hijo a pesar de que mi sangre no corra por sus venas. Jamás dejé de amarte Alex, no podría hacerlo ni aunque nos separara un mundo.

Y ante la atenta mirada de las mejores amigas de Leo, cómplices con Alex del reencuentro, se besaron prometiéndose amor del que es inagotable e indestructible, en la ciudad eterna.





Imagen de love, aesthetic, and couple

viernes, 20 de enero de 2017

Mis lectoras beta


Ayer me desmoroné un poco por una historia que lleva varios meses dando vueltas y que aún no ha conseguido encajar en el mundo editorial, ese que quiero llegue hasta ellos en lugar de la autopublicación (al menos es lo que me planteo por ahora). Afortunadamente me sentí muy arropada y mimada con muchas muestras de cariño tratando de animarme. Y ellas, las lectoras cero de su historia, como siempre me hicieron darme con la realidad de bruces. Siempre con cariño pero lo hacen de una manera tan efectiva que no puedo más que darles la razón. Y lo hago porque su trabajo no fue nada sencillo, ser el lector beta de un escritor es un trabajo complicado. Muchas veces se ofrecen lectores, amigos, familiares... Su labor fue difícil, decirle al escritor cosas como "esto no tiene sentido aquí", "te estás pasando en este punto", "¿por qué tal personaje hace esto?"... Al principio temía que me dijeran lo que me habían dicho otros: "fabulosa, genial, una maravilla..." Y aunque agradecía enormemente su esfuerzo al leer mi novela no hacían la labor que, al menos, yo considero debe hacer ese lector, ese trabajo que hacen ellas.


Cuando comenzamos no sabía qué me iba a encontrar, y aunque una de ellas no es correctora su trabajo fue impecable y muy profesional. Se leía los capítulos, me marcaba con fosforito las frases que no entendía o las faltas ortográficas y después me llegaba el consecuente Whastapp con impresiones. Para ser del todo sincera debo reconocer que a veces algunas cosas no las compartía con ella, pero tras reflexionar y valorar su punto de vista, acababa viendo lo que ella me decía y le daba la razón. Después era el turno de la segunda "beta" y además correctora. Ella en su faceta profesional me marcaba muchas más cosas y me iba preguntando cosas de la historia. Para acabar terminábamos las tres hablando en nuestro grupo sobre cómo avanzaba la historia, lo que nos gustaba, qué chirriaba, qué no encajaba, qué nos enamoraba y sobre todo quién... :) 


Y en ese camino aprendimos mucho las tres: a corregir erratas, a expresar nuestra verdadera opinión y ser sinceras unas con otras, y sobre todo a disfrutar de la lectura. Fueron infinitamente pacientes con mis ruegos cuando les pedía que mirasen si tenía coherencia, si el personaje evolucionaba, si no era demasiado "ñoño"...  Se lo he dicho muchas veces pero necesito hacerlo de nuevo, porque ellas me regalaron su tiempo, sus ideas, su honestidad y poco a poco se fue forjando el vínculo de la amistad que a pesar de la distancia se mantiene intacto, pues las tengo lejos físicamente. Ellas son Alejandra Alameda y Rocío Morales. Y como les digo cariñosamente, siempre serán las "titas" de esta historia. Desde entonces son las primeras en leer lo que escribo y aunque estén faltas de tiempo lo hacen sin ponerme ni una sola queja, y creerme puedo llegar a ser muy, muy, muy pesada (perdonarme, chicas). Ellas me han ayudado a crecer como autora, a asumir las críticas, me templan en muchas ocasiones, me alientan a continuar cuando me fallan las fuerzas y eso ya es mucho en este mundo literario que cada vez es más difícil. Gracias por ser mis lectoras beta, por aceptar el reto un día y no cejar en vuestro empeño de que Scarlett Butler siga adelante.  



domingo, 15 de enero de 2017

Documentación


Estas fotografías son el resumen de lo que me traigo entre manos. Este fin de semana ha sido intenso, a tope de trabajo, documentándome sobre ellos y todo lo que ello conlleva. Hace un año empecé a fraguar su historia, su escaleta con lo que iba a suceder en cada capítulo, la misma que deseché hace unas semanas. Ahora apenas me guío por un par de ideas por lo que está siendo una historia de brújula absolutamente.

Y en este arduo proceso de la documentación me encuentro, leyendo mucho, creándoles, viendo vídeos y series sobre el ballet, tratando de comprender ese mundo que no es tan rosa como siempre yo he visto que lo pintan, pero sobre todo disfrutándola mucho porque tengo el presentimiento de que va a ser una historia con corazón propio. Perdonarme por estar tan pesada con las fotos que voy subiendo pero  es que esta novela sale de muy adentro y con apenas unas palabras ya me está emocionando. Como siempre os digo no sé si alguna vez verá la luz, por ahora me quedo con lo que me está haciendo disfrutar. ¡Buena semana, chicas Butler!