sábado, 17 de septiembre de 2016

¿Acaso es el fin?



Hago esta reflexión tras ser testigo de varios dimes y diretes. No soy persona que guste de polémicas ni dé opiniones, ni lo voy a hacer. Esta entrada es una sencilla reflexión personal.

Empezaré por explicar que soy autopublicada a la vez que tengo dos libros con editoriales, y no por ello me considero mejor ni peor que ninguna de mis compañeras. COMPAÑERAS, porque para mí lo son, todas y cada una de las que atrevieron a publicar alguna vez. No concibo regocijarme en la desdicha de nadie en este mundo. El compañerismo es lo que debería movernos en todos los aspectos de nuestra vida, pero por desgracia ya sabemos que no es así por parte de todo el mundo. Y es que cada uno es de su padre y de su madre, con sus valores y sus propias éticas. Todo respetable.

Y cuando juegan con nuestros sueños, nuestras ilusiones y rompen las esperanzas que mantenemos, llega la decepción y el desánimo, porque seguimos siendo personas “humanas”. Con nuestros sentimientos y nuestros puntos débiles. Llega el momento de replantearse cosas, de decidir si merece la pena seguir en el arduo camino, envenenado en muchas ocasiones, de seguir publicando lo que escribamos salido de dentro, de expresarnos públicamente y, sobre todo, de disfrutar de este camino que también tiene cosas maravillosas.

No sé si será el fin, si hasta aquí llega la aventura, si hay que escribir el punto final a la historia. Al menos sí es un punto aparte. Esperemos que mañana brille el sol y volvamos a ser todo aquello que éramos y con lo que soñábamos antes de ver la cruda realidad. Y sobre todo, gracias a las que nos apoyan, las que se preocupan, las que no cejan en su empeño de tirar de nosotras, las que nos animan a luchar y seguir disfrutando de esto que nos llena y nos hace sentir tantas emociones. Volveremos  a vernos.

                                                                  SCARLETT BUTLER
 
 


¿Acaso es el fin?



Hago esta reflexión tras ser testigo de varios dimes y diretes. No soy persona que guste de polémicas ni dé opiniones, ni lo voy a hacer. Esta entrada es una sencilla reflexión personal.

Empezaré por explicar que soy autopublicada a la vez que tengo dos libros con editoriales, y no por ello me considero mejor ni peor que ninguna de mis compañeras. COMPAÑERAS, porque para mí lo son, todas y cada una de las que atrevieron a publicar alguna vez. No concibo regocijarme en la desdicha de nadie en este mundo. El compañerismo es lo que debería movernos en todos los aspectos de nuestra vida, pero por desgracia ya sabemos que no es así por parte de todo el mundo. Y es que cada uno es de su padre y de su madre, con sus valores y sus propias éticas. Todo respetable.

Y cuando juegan con nuestros sueños, nuestras ilusiones y rompen las esperanzas que mantenemos, llega la decepción y el desánimo, porque seguimos siendo personas “humanas”. Con nuestros sentimientos y nuestros puntos débiles. Llega el momento de replantearse cosas, de decidir si merece la pena seguir en el arduo camino, envenenado en muchas ocasiones, de seguir publicando lo que escribamos salido de dentro, de expresarnos públicamente y, sobre todo, de disfrutar de este camino que también tiene cosas maravillosas.

No sé si será el fin, si hasta llega la aventura, si hay que escribir el punto final a la historia. Al menos sí es un punto aparte. Esperemos que mañana brille el sol y volvamos a ser todo aquello que éramos y con lo que soñábamos antes de ver la cruda realidad. Y sobre todo, gracias a las que nos apoyan, las que se preocupan, las que no cejan en su empeño de tirar de nosotras, las que nos animan a luchar y seguir disfrutando de esto que nos llena, nos emociona y nos hace sentir tantas emociones. Volveremos  a vernos.

                                                                  SCARLETT BUTLER
 
 


lunes, 29 de agosto de 2016

La música que nos inspira


 
¡Hola de nuevo!

Después de unos días de descanso por la playita en la mejor compañía y de volver a habituarnos a la vuelta a la rutina, aquí estoy con un nuevo post más breve de lo normal. Hoy vengo a hablar de las cosas que nos inspiran a la hora de escribir las novelas, y a mí sin duda es la música. Me encanta sentarme a escribir y conectar el Spotify, a veces de forma aleatoria, otras busco la canción en cuestión. Y así es cómo empiezan a fluir las palabras, las teclas repiquetean bajo mis dedos, a veces a gran velocidad, gracias a lo que me transmite la canción.

Mi admirada Inma Cerezo hizo un post hace un par de meses dónde hablaba de la música en la romántica. Os dejo aquí el enlace para que no os lo perdáis, y donde hablaba de Amanecer en África, que es un claro ejemplo de lo mucho que me influye la música a la hora de escribir ya que la historia está plagada de música a lo largo de sus páginas: http://www.inmacerezo.com/2016/06/bandas-sonoras-novelas-romanticas/

Y así es cómo me inspiro (entre otras muchas cosas), pero la música es el factor principal. A veces nombro la canción y otras las guardo para mí y para Spotify. Y vosotras, ¿buscáis la canción que dice el autor y la escucháis mientras leéis? O si eres escritor, ¿haces lo mismo? Espero vuestros comentarios, ¡buen lunes!

domingo, 14 de agosto de 2016

EDITORIAL VS AUTOPUBLICACIÓN

Hoy me acerco al blog con un tema complejo y difícil. Hace unos días recordaba con unas amigas aquella vez que presenté Amanecer en África en el I Café Literario que llevan a cabo Alejandra y Rocío en Córdoba. Ese día una lectora me preguntó qué prefería: ¿editorial? ¿autopublicar?  No era la primera vez que me lo preguntaban y respondí lo que siempre digo: ¿por qué no ambas? Otras compañeras han dado su opinión, así que me he animado a aportar la mía.

 
Dejando a un lado el trema económico: si se gana más con una que con la otra, si el autor puede vivir de esto… quisiera hablar de ambas desde mi experiencia personal. Yo he autopublicado en dos ocasiones y las otras dos he publicado con diferentes editoriales. Con ambas los escritores hacemos de publicistas, managers, etc. En mi caso tengo otro trabajo por lo que a este le dedico parte de mi tiempo libre (a veces quizá demasiado), pero ya se sabe “sarna con gusto, no pica”. Yo soy de los que piensan que el autor debe cuidar su libro, promocionarlo, “venderlo”, porque en definitiva es al autor al que le interesa que le lean y le sigan. Por ello nos dejamos la piel en hablar con lectores (a mí particularmente me encanta esa parte), creamos montajes de fotos, buscamos reseñas… Y aunque a veces es frustrante y nos agota, veo que es una parte esencial de nuestra labor. Esto no quita para que la editorial ayude al escritor y le eche una mano en la promoción.

 
Con mi primer libro, autopublicado, estuve entre los más vendidos varios meses y a día de hoy, sigue en el top un año y cuatro meses después. Con el segundo, con editorial, vendí en pocos meses más de tres mil libros digitales (aquello fue un boom en toda regla). La vivencia de autopublicar la disfruté tanto que me animé de nuevo y así lo hice en diciembre conquistando el corazón de muchas lectoras con Mateo. De nuevo fue un éxito y mucha gente así me lo hizo saber a través de mensajes y reseñas. Y con el último de nuevo me lancé con nueva editorial.

 
Lo único que a veces me hace dudar de la autopublicación es cómo lo ve la gente. Por desgracia me he encontrado con lectores que ven al autopublicado como alguien que lo hace porque una editorial no se ha fijado en él, pero nada más lejos de la realidad. Esta es una forma de publicar un libro tan buena como otra cualquiera. De hecho hay autores de reconocimiento internacional que en algún momento de su vida optan por esta vía, mientras siguen publicando con editorial. Entonces, ¿dónde está el problema? ¿Acaso el autor que publica con editorial tiene más prestigio que aquel que se autopublica? ¿Consideramos al autopublicado un escritor de segunda fila?

 
Personalmente es un modo de publicación muy cómodo para mí, que me encanta y no descarto volver a hacerlo en un futuro cercano. Lógicamente sigo enviando a editoriales que me interesan pues uno de los puntos fuertes de estar con editorial es la visibilidad, que con la autopublicación es mucho más difícil. No es lo mismo estar paseando por una librería y fijarte en un libro, que entrar expresamente en una tienda digital a adquirir un ejemplar. ¿A qué escritor no le gusta ver su libro en una librería? Vivir la experiencia de las presentaciones, el calor del lector, ese cariño, el intercambio de opiniones…

 
Sin embargo cuando me hacen elegir no soy capaz de decantarme por una, cada una tiene sus untos fuertes y puntos débiles. ¿Por qué no combinar ambas? Os animo a dejarme vuestras opiniones así que escritores, lectores y bloggers animaros a dejar un comentario, ¡y a disfrutar del puente!

lunes, 8 de agosto de 2016

El "mal" del escritor


Hace unas semanas acabé una nueva historia y me planteé dejar pasar algún tiempo, no continuar escribiendo casi a diario, de hecho pensaba en dedicarme a disfrutar el mes que me queda de verano. Relajarme tras el año de trabajo, no pensar ni seguir creando personajes, historias, tramas, dibujar mapas, garabatear y llenar cuadernos… Pero he aquí el mal del escritor, que por mucho que tú te plantees algo, la mente divaga sin descanso y antes de darte cuenta, te encuentras creando una nueva novela.



El descanso, que en un principio me planteaba de un mes sabático (ilusa de mí), se limitó a unos pocos días. Llegué a pensar que estaba loca, y que este tema de escribir (por suerte en vacaciones) a diario, me había trastornado por completo. Fue un poema ver las caras a la familia con su famosa frase: “este mes descansarás, ¿no?”. Yo mostré media sonrisa y dije eso de: “algo, sí”. Pobres, lo que no sabían era que en este mes iba a documentarme para la nueva historia, mientras escribía sobre otras que andan en el tintero reclamando mi atención.



De este tema, del “mal del escritor”, he hablado muchas veces con compañeras. Yo jamás imaginé que algo pudiera gustarte tanto para no desear un descanso, es una fiebre que compartimos y sabemos identificar. Cuando una compañera me dice: “acabé tal historia, ahora a descansar”, no sé si reírme en su cara (esto queda feo por aquello de ser simpática y amable), o darle una palmadita en el hombro y asentir con la cabeza mientras le digo: “eso no te lo crees ni tú”. Quizá la comparación no sea del todo exacta pero yo lo comparo a comer pipas, cuando empiezas, ya no hay quien pare. De hecho somos tan fan absolutas de lo que hacemos, que empezamos historias y por el camino nos van surgiendo tres millones de novelas más.



Puede resultar divertido, incluso anecdótico, pero para el escritor a veces resulta frustrante, tener tantas historias perfiladas en nuestra cabeza y no poder darles rienda suelta debido al trabajo, la vida social, la familia… Entre compañeras hemos llegado a bromear diciendo aquello de: “ojalá pudiera encerrarme en casa meses a escribir todo lo que tengo pendiente”.



En definitiva, este “mal” te hace ver que en ningún momento el escritor es el que dirige las historias si no que ellas son las que mandan, las que organizan, las que te guían, las que piden ser contadas en un momento determinado... y poco puede hacer el autor por acallarlas. Sin embargo, debo reconocer al mismo tiempo, que este es el mejor de los males que he vivido, y ojalá dure mucho tiempo, porque nos llena, nos motiva, nos hace movernos hacia delante y nos hace sentir cada emoción, tristeza, felicidad, cada vida de cada personaje, y creerme eso, no se compara a nada.

domingo, 31 de julio de 2016

En carne viva

Una semana más me acerco a mi rinconcito a expresar mi opinión. Esta vez quisiera hablar de esas historias que te dejan en carne viva. Estoy segura que muchos de vosotros tenéis un escritor/ a preferido con el que os reís, os emocionáis, odiáis a los personajes en algún momento y en otros os los comeríais a besos (sí, esos instantes que os hacen suspirar). En definitiva, ese autor/ a que tras cerrar su libro os saca un suspiro y os deja con una resaca literaria considerable.

Pues bien eso me ocurre a mí con Elisabet Benavent. Recuerdo la primera vez que la leí por consejo de una amiga. Así conocí a Valeria y su mundo loco de idas y venidas, de amigas, de discotecas, de miedos, de alegrías, de inseguridades... De lo que es la vida misma, y ya me enamoró. Después llegó Silvia, mi historia preferida, y ahí acabé por caerme completamente rendida ante su pluma. La semana pasada os hablaba de los musos de las novelas, y como no Gabriel está entre ellos (aquí el enlace a dicha entrada: http://butlerscarlett.blogspot.com.es/2016/07/que-hariamos-sin-ellos.html). Como os decía, esta historia fue la segunda que me removió por dentro y me dejó en carne viva en varias ocasiones. De hecho hay una parte en el libro que no importa que lo lea cine veces, que las cien veces acabo llorando como una magdalena.


Elisabet tiene esa capacidad, de hecho en alguna firma de libros se lo he dicho, de hacerme sentir cada emoción de los protagonistas como propia, me hace reflexionar sobre la vida, me hace reír a carcajadas para el segundo siguiente hacerme llorar, y suspirar de pena.

Hay muchos lectores que valoran en una novela poder reírse para olvidarse de las penas del día a día, otros quieren enamorarse y sentir el amor de los protagonistas en su  propio corazón y otros simplemente disfrutar de una buena lectura para olvidarse de ella al empezar una nueva. Yo, particularmente, soy de aquellas personas que, la mayoría de las veces, necesitan y buscan que la historia les remueva por dentro, que les deje un sentimiento tras cerrar el libro, que les haga sentirse en una auténtica montaña rusa de emociones, que sientan en la propia piel como se les queda en carne viva. Algunos me dicen que soy masoquista por querer y buscar este tipo de lecturas, yo lo llamo "cura del alma". ¿Por qué? E sencillo, porque el libro me lleva de la mano por tantos sentimientos que acabo llorando, y creerme, eso sana las heridas del alma y te aporta nueva energía, es decir, que una buena llorera te deja como nueva.

La última historia de Elisabet que ha provocado todo eso ha sido su último libro. En él viajamos por tantas emociones que llega un momento que no sabes qué estás sintiendo. Es sorprendente cómo la autora consigue en cada novela hacerme vibrar y SENTIR, así en mayúsculas, provocando que al término de su historia las lágrimas me nublen la vista. Y es que Elisabet es poesía en movimiento, disfruto cada vez que me deja en carne viva, cada vez que me empuja a pararme y pensar, cada vez que siento el vaivén de emociones. Y eso para mí, no tiene precio.


Y vosotr@s, ¿tenéis autores que os dejan en carne viva? ¡FELIZ DOMINGO!

PROYECTO FINALIZADO

 El fin de semanada pasado puse punto final a la novela número quince. Parece mentira que ya pueda decir ese número pero ahí está.  Sueño co...